𝟤𝟢𝟤𝟢/𝟣𝟢
— ☾; 冷たい目をした女性
Murasaki no akuma.
Una sala que está vacía, un hombre que respira y ruge, exhala fuego, pero no calcina, mira hacia todos lados y no admite que trémula está su consciencia con el corazón palpitando hasta saturar los oídos. Se levanta golpeando la mesa, los hombres que lo sirven agachan la mirada y uno de ellos se quiebra, extiende la mano frente a todos, el ritual yubitsume se asienta, inesperado, mancha el rostro de los cercanos que ven estallar el dedo meñique.
Las palabras no han de ser necesarias, todos comprenden el acto de arrepentimiento, las disculpas no se pronuncian, es la sangre la que purifica los pecados de quien ha sido irrespetuoso, a pesar de ello se apresura a agitar la lengua.
— Oyabun, Ganko ha hecho caso omiso a mis palabras, ha roto la obediencia de servirte… por ello, esta noche morirá, la mujer de ojos violeta lo cazará.
Todos guardan silencio, aprietan los labios y empuñan las armas, aguardan un resoplido, un gesto que los aliente a asesinarla, a rebanar la cabeza de una sombra que los espera en las mismas tinieblas, incauta y sedienta, Oyabun la conoce, él lo recuerda y la sueña, en sus pesadillas no ve más de la mitad de su cara retorcida en el irezumi del Oni que tiene en el pecho, ese que espanta a los espíritus malignos que quieren devorar su corazón.
— Satoru Nomura.
Escucha aquella voz femenina llamarlo, entonces toma su muñeca derecha o lo intenta, porque ya no existe, ella se la arrancó hace unos años. Mira a su alrededor, los hombres sombríos se desvanecen y dan paso a paredes oscuras, luces de neón y la sombra de una mujer desenvainando una tachi, atravesándole el espíritu y también robándole la mano poderosa con la que guía a su clan. La mujer se inclina, devorando el aire que Nomura no logra conciliar para sus pulmones, apesta, huele mal, la sangre que rebosa de su avejentado cuerpo mancha la alfombra y ella tuerce los labios con desagrado, aun así, embarra sus dedos con el líquido espeso y escribe en la frente del oyabun “怨霊” (onryo).
— Satoru Nomura.
Él presiona el ante brazo tanto como la voz de la mujer le aprieta el corazón, Nomura quiere detener el flujo y también escuchar el crujido del cráneo de la insolencia humana al clavarle la hamidashi desde la nuca hasta la frente a quien se pasea a su alrededor, con sorna lo mira e incluso desde una cima inexistente. Pero la fantasía que aborda su mente no es más que eso, ficción.
— Tu kobun me ha acechado todo este tiempo, entorpeciendo mis negocios, tú y yo teníamos un acuerdo, la insolencia de tu hijo se ha pagado con tu mano derecha, pero te advierto, si vuelve a husmear lo asesinaré, lo dividiré en dos, una de ellas será arrojada al río Nakasukawabata y la otra será preservada como un recipiente embalsamado para depositar las manos que he cortado.
¿Miedo o miseria? Escupió, su cabeza se mantenía elevada hacia el cielo, aunque sus rodillas se hundieran en la tierra, Nomura no expresó si quiera un poco de arrepentimiento.
— 𝘊𝘰𝘯𝘴𝘪𝘥𝘦𝘳𝘢 𝘮𝘪𝘴 𝘱𝘢𝘭𝘢𝘣𝘳𝘢𝘴, 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 𝘧𝘭𝘰𝘳 𝘪𝘯𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘢 𝘤𝘳𝘦𝘤𝘪𝘥𝘰 𝘧𝘳𝘪́𝘢 𝘦𝘯 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘯𝘪𝘦𝘷𝘦, 𝘮𝘰𝘳𝘪𝘳𝘢́𝘴.
“𝑀𝑜𝑟𝑖𝑟𝑎́𝑠”
Amenazó él, pero ella sonrió desde las tinieblas.
Volvió a la naturaleza real de su existencia, el plano en donde sus hombres y socios lo admiraban y aguardaban atentos una jugaba inverosímil, todos allí procuraron durante años posteriores a la amenaza cicatrizada en el brazo derecho del oyabun atentar contra la vida de la mujer que <nunca muere>, cada uno de ellos falló y varios subordinados perecieron por la causa, y aunque ella jamás fue un enemigo, el testarudo de Ganko planeó una insensata venganza que terminó transformándose en el más puro amor, la obsesión, moriría por esta enardecida pasión, tarde o temprano y Nomura en su interior, no tenía la intención de salvarlo, un hijo menor obstinado era menos valioso que un hijo mayor fuerte y útil como Iwao, quien reposaba en el suelo al costado de la silla del oyabun.
Existían dos dilemas para Satoru Nomura; pero ninguno fue suficiente.
