ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ⎯⎯⎯ SINNERS.
Aleksei empujó a Catherine dentro del despacho de su difunto padre, cerrando la puerta con un chasquido seco que resonó en el vacío de la habitación. El olor a cuero viejo y a la colonia ausente de su padre lo envolvió, provocando que su cabeza punzara aún más, y logró avivar la rabia que le ardía en el pecho.
La escena que había presenciado hacía minutos se reproducía en su mente como una mala película: Catherine, de pie en la puerta, despidiéndose de Leonid con un beso en los labios. No un beso de hermano, fue lento, sensual y demasiado íntimo.
No sabía exactamente qué era lo que le molestaba más. Si el hecho de que su padre hubiera muerto hacía apenas una semana y ya ellos estuvieran manchando su memoria con sus juegos sucios; si era el hecho de que Leonid y Catherine compartieran la misma sangre que él, una traición que le revolvía las entrañas; o si, simplemente, era el hecho de que Aleksei deseaba con cada fibra de su ser haber sido él.
—¿Qué mierda crees que estás haciendo, Catherine?— exclamó cerrando la puerta detrás suyo, ignorando las miradas curiosas de la servidumbre, su atención se enfocó en ella, en sus ojos y después, recordó nuevamente su imagen besándolo y después, no supo como reaccionar cuando su diestra se cerro alrededor de su cuello sin ejercer demasiada fuerza —. ¿Ese es tu plan ahora? ¿Convertirte en la zorra de Leonid para recibir algo de la herencia?, ¿Por qué él?
Casi como lo invocara, escuchó la risa burlona de su hermano menor detrás suyo, pero aun así no soltó su cuello y no desvió su mirada de la ajena.

Alekseí Rosenberg
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Leonid Rosenberg
Tras la muerte de su padre, su hermano y el habían asumido el control de los negocios; Leonid se encargaba de la negociación y de obtener tanto beneficio como fuera posible mientras que Aleksei fungia como cabeza de la familia.
No demoró en desandar sus pasos y encontrarse tras la pesada puerta de madera, no le sorprendió encontrarla cerrada, pues la mayoría del tiempo se mantenía de esa manera; sin embargo, los murmullos ahogados detrás de esta sí que fueron inesperados.
Giró el pomo con cuidado para no ser descubierto, escuchó el reclamo en voz de su hermano mayor y vislumbró la mano de este rodeando el cuello de la fémina.
El reclamo venenoso de parte del mayor llego a sus oídos y le fue imposible seguir en las sombras tras escuchar las últimas palabras que el mayor exclamó.
Sin poder evitarlo, una risa salió de entre sus labios mientras avanzaba hacia donde los otros dos se encontraban.
—Nunca creí que hipócrita sería un adjetivo con el cual describirte, Aleksei
Respondió el menor, cruzándose de brazos y clavándole una mirada afilada mientras observaba la forma en que el hombre seguía aferrándose a la pelirroja.
— A otra persona podrás engañarla con tu numerito de indignación familiar, hermanito. Pero a mí no.
Soltó el menor, dando un paso hacia él y ensanchando su sonrisa burlona.
— Admítelo, te mueres de la envidia. Te da rabia vernos porque nosotros dejamos de fingir, mientras tú te encierras en tu cuarto a reprimir las ganas que le tienes a nuestra hermana. No estás enojado porque rompimos una regla... estás resentido porque te quedaste afuera de la escena.
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