Descubrir PublicacionesExplore contenido cautivador y diversas perspectivas en nuestra página Descubrir. Descubra nuevas ideas y participe en conversaciones significativas
Era una de esas noches donde su mente lo abruma, esas donde las voces de su cabeza pesaban más que las de sus amigos.
Un turbio recuerdo, de manos manos femeninas tocando sin permiso, le revolvio el estómago, quería llorar, pero no podía, las lágrimas no salían hace años, quizás desde su infancia.
El cielo estrellado y en silencio nocturno parecían absorber aquella figura nauseosa que, cada vez que cerraba los ojos volvía a ese encuentro.
-que asco... Que asco, me siento asqueroso-
*La voz estaba quebrada, en un lamento que nadie parecía escuchar, se estaba volviendo loco, cómo si cada minuto en su piel fuera un recordatorio constante de esos dedos que lo tocaron contra su voluntad, entre temblores y lágrimas que no llegaban a caer.
Ese recuerdo, tan fresco como césped recién cortado, fue entonces que recordó a su amiga, aquella mujer hermosa y sonriente que le expreso el deseo de dejar de sentir. Solo debia saltar, nadie lo sabría, a nadie le importaria ni haría preguntas, o quizás solo era esa desesperación nefasta por olvidar lo que había ocurrido que nublaba su juicio*
-saltar... Solo debo saltar... Y entonces podré dejar de pensar déjare de sentirme sucio...-
*Se sentó de manera pensativa al al borde de aquel abismo que parecía no tener fin, con una única idea en cabeza, esa idea que sonaban más fuerte que las voces tormentosas*
-solo debo saltar... Quizás, así borraré a esa mujer de mí cuerpo....