Así pasó todo el día. Rimuru le tenía prohibido luchar, le tenía prohibido liberar las magículas sobrantes, le tenía prohibido hacer escándalo... En resumen, le tenía prohibido "ser" así en general. De modo que, lo único que le quedaba al Gran dragón de la tormenta era leer mangas y estar tumbado a la bartola.
Cosa de la que tampoco iba a quejarse especialmente... Aunque si era cierto que a veces se aburría un poco.
