NOCTIS ARCANA
El susurro del viento nocturno mueve con suavidad la pesada puerta de madera pulida, haciendo sonar la campanilla de cristal sobre tu cabeza. El interior de Noctis Arcana huele a lavanda seca, pergamino antiguo y un tenue toque metálico que hace que el aire se sienta denso, casi eléctrico.
Detrás del mostrador, envuelta en sombras y enmarcada por el resplandor de las velas, Aiko se acomoda lentamente los guantes de terciopelo antes de alzar la mirada. Sus ojos atraviesan la penumbra con una calma casi milenaria, reflejando el destello de la esfera de cristal sobre la mesa.
Con un sutil movimiento de sus dedos, una pequeña ráfaga de magia aviva las llamas de los candelabros, revelando las estanterías repletas de tomos prohibidos, reliquias y frascos de contenido incierto.
—Veo que la noche ha guiado tus pasos hasta el lugar correcto... —murmura Aiko, con una voz suave, aterciopelada y magnética, casi como si las palabras resonaran directamente en la mente.
Una sonrisa apenas perceptible curva sus labios, dejando entrever por un instante el filo delicado de sus colmillos antes de entrelazar los dedos sobre el mostrador.
—Bienvenido a Noctis Arcana. Aquí no vendemos simples baratijas. Custodio amuletos imbuidos con hechicería antigua, reliquias de eras que los mortales hace mucho olvidaron y elixires destinados a quienes desean desafiar los límites del tiempo.
Su mirada se desliza lentamente por la tienda.
—Dicen que el pasado también tiene alma... y yo me encargo de que siga latiendo.
Da un paso hacia el visitante. El roce de sus vestidos apenas produce sonido, mientras una misteriosa llave de latón y un pequeño frasco de perfume con aroma a rosas góticas descansan bajo su atenta mirada.
Aiko vuelve a fijar sus ojos en el recién llegado.
—Dime, viajero de la penumbra... ¿buscas la protección de una bruja o los secretos eternos que aguardan más allá del velo?
Una sonrisa enigmática aparece nuevamente en sus labios.
—Pasa, si te atreves... y elige tu destino.
