//Vengo a presumir de lo que me acaba de llegar

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Así me traes, todo payaso, todo menso pensando en ti. Sonriendo como loco desquiciado de tanto amarte. Duermo pensando en ti, me despierto pensando en ti.

¿No te cansas de ser perfecta?
Rómpeme la madre si quieres, yo te amo mi amor. 🫪♥️

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Ya no respetan a uno (?)

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La noche había comenzado como cualquier otra velada de la corte.

Demasiado ruido. Demasiadas voces. Demasiadas sonrisas falsas.

Cassius Beauford, el temido Duque Beauford, el leal lobo de la corona, permanecía de pie cerca de una de las columnas del gran salón, vestido con el impecable atuendo ceremonial que la ocasión exigía. El negro de sus prendas contrastaba con los detalles dorados que identificaban a la casa Beauford, mientras una de sus manos descansaba detrás de su espalda y la otra sostenía una copa de vino que apenas había probado.

Había acudido porque el rey lo había convocado sin embargo no había recibido más explicacione y, conociendo a su soberano, Cassius sabía que probablemente existía una razón detrás de aquella repentina celebración.

Su mirada recorrió el salón con la misma atención con la que estudiaría un campo de batalla. Nobles conversando en pequeños grupos, embajadores extranjeros intercambiando cortesías, damas murmurando detrás de sus abanicos y caballeros intentando aparentar una tranquilidad que claramente no sentían.

Cassius conocía aquel juego demasiado bien.

Y lo detestaba.

—Mi lord Beauford, debería intentar parecer un poco más complacido.

La voz de uno de los nobles cercanos consiguió arrancarle una mirada.

──── Estoy severamente complacido. — La respuesta fue seca y el hombre rió nerviosamente, sin saber si aquello había sido una broma, alejándose así casi de inmediato.

Cassius volvió a guardar silencio, mirando su copa llena de vino, sin decir palabra alguna. No tenía intenciones de convivir con la alta sociedad, le parecía una perdida de tiempo. Entonces las trompetas resonaron.

Las conversaciones fueron apagándose hasta que el gran salón quedó sumido en un silencio expectante, el rey había subido al estrado, tomando una postura de dominio y llamando al hombre enfundado en negro con una mano llena de anillos con diamantes ridículamente más grandes que sus dedos.

Cassius enderezó ligeramente la espalda, sabía que algo estaba por ocurrir.

El monarca levantó su copa y observó a los presentes con una sonrisa que, por alguna razón, hizo que una sensación incómoda se instalara en el pecho de Cassius.

—Mis queridos súbditos. Esta noche nos hemos reunido para celebrar la llegada de nuestros distinguidos invitados y fortalecer los lazos entre nuestro reino y una nación con la que compartimos intereses y aspiraciones.

Algunos nobles comenzaron a intercambiar miradas.

Cassius permaneció inmóvil.

—Durante los últimos meses, nuestras coronas han mantenido conversaciones destinadas a asegurar una alianza duradera entre ambas naciones.

Cassius frunció apenas el ceño, ¿Una alianza?, ¿Qué clase de alianza?, ¿Por qué ahora?... Aunque realmente aquello no era información que le concerniera directamente… O eso creía.

—Y hemos llegado a un acuerdo que considero beneficioso para ambos reinos.

El rey hizo una breve pausa.

Entonces miró directamente hacia él y Cassius sintió cómo sus músculos se tensaban y su mirada se volvía gélida.

—Una alianza que será sellada mediante el matrimonio.

El murmullo que recorrió el salón fue inmediato, pero el duque no apartó los ojos del monarca.

──── Su Majestad...

Su voz fue baja, apenas un murmullo.

El rey sonrió.

—Esta noche tengo el honor de anunciar oficialmente el compromiso de uno de los hombres más leales de nuestra corona. — Hubo una pausa, en el salón toda respiración había cesado, tanto así que parecía lleno de fantasmas y no de parlanchines Lords y chismorronas condesas. — El duque Cassius Beauford.

El mundo pareció detenerse durante un instante, Cassius permaneció completamente inmóvil. No había recibido ninguna advertencia, ninguna conversación privada, ninguna carta, ni siquiera un comentario hecho al aire.

Nada.

El rey acababa de anunciar su compromiso frente a toda la corte sin siquiera haber tenido la cortesía de informárselo personalmente.

Su mandíbula se tensó y la sorpresa rápidamente dio paso a una irritación cuidadosamente contenida, sin embargo, antes de que pudiera exigir una explicación, el rey continuó.

—Su futuro esposo será Su Alteza, el príncipe Noé Lumieré, miembro de la familia real de la nación de Lumieré.

Las grandes puertas del salón se abriero, todas las miradas se dirigieron hacia la entrada, por inercia Cassius también lo hizo.

Una pequeña delegación extranjera comenzó a avanzar por el salón. Entre ellos caminaba un joven de porte elegante, vestido con las prendas propias de su rango. Un asistente caminaba a su lado, guiándolo con discreción.

Y entonces Cassius comprendió.

El príncipe era ciego.

Sus ojos, hermosos y claros, no seguían las figuras que se movían a su alrededor. Permanecían tranquilos, sin encontrar un punto concreto en el espacio.

Cassius lo observó en silencio.

Aquel era el hombre con quien acababan de comprometerlo.

Un completo desconocido.

El rey hizo un gesto para que el joven se acercara.

—Príncipe Noé, permitidme presentaros al hombre que será vuestro esposo.

Cassius sintió cómo decenas de miradas se clavaban sobre él, no le gustaba ser el centro de atención, mucho menos en aquellas circunstancias, el rey era un encajoso de primera al que no podía nadie decirle que no. Al menos que no apreciará su cabeza.

Pero jamás permitiría que su molestia se convirtiera en una falta de respeto hacia un invitado extranjero.

Avanzó con pasos firmes y medidos hasta detenerse frente al príncipe, durante unos segundos no dijo nada.

Era extraño.

Cassius estaba acostumbrado a enfrentarse a enemigos en el campo de batalla sin que su pulso cambiara. Había recibido heridas, tomado decisiones capaces de decidir el destino de hombres y enfrentado situaciones mucho más peligrosas que aquella.

Sin embargo, encontrarse frente a su futuro esposo sin haberlo sabido hasta hacía unos minutos resultaba... desconcertante.

Finalmente, Cassius extendió una mano hacia él, aunque se detuvo a mitad del movimiento al recordar que quizá Noé no podría verla.

La bajó lentamente.

──── Su alteza, el príncipe Noé Lumieré. — Su voz grave y serena rompió el silencio entre ambos e hizo una reverencia digna de un miembro de sangre real — Mi nombre es Cassius Beauford.

Por un instante, su expresión permaneció tan fría como siempre.

Pero entonces añadió, con un tono ligeramente más suave.

──── Lamento que nuestro primer encuentro haya tenido que ocurrir de esta manera.— Su mirada se desvió apenas hacia el rey, había una conversación pendiente.Una muy larga. Muy, muy larga. Después volvió a dirigir su atención hacia Noé — Supongo que ambos tenemos muchas preguntas que hacer.

Noah Nightray

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— Ay, ahora sí me dolió la espalda. — se tira en el suelo. — Una ayudita para esta pobre alma en desgracia.

Simplemente me encanta... ♡

Scar modela poquito para alegrar su noche

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