Insolent Alchemist Cambio su foto de perfil
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Moony Cambió su foto de portada
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⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀ 𝙨𝗂𝗹𝘃𝗲𝙧 𝗺𝗼𝗎𝙧𝗇𝗲⠀ 、 ⠀🌙

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Moony Cambio su foto de perfil
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⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀ 𝗿𝖾𝗆𝗎𝗌 𝗅𝗎𝗉𝗂𝗇 ⠀ 、 ⠀𝖙͟𝖍͟𝖊͟ ͟𝖒͟𝖔͟𝖔͟𝖓
ㅤ⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀as a rockstar?!ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ
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Las pupilas de Remus se deformaban sobre el filo preciso de la tijera. El metal apenas le devolvía un reflejo de luz. Había cierta rigidez en la forma en que permanecía sentado, atento a cada movimiento de Lilybeth tras él. En sus oídos retumbaban los pasos de Sirius, a unos metros de distancia, en la misma habitación. El sonido de los ropajes cayendo sobre la cama, de las chaquetas, las joyas... Aunque no podía verlo directamente —los ojos esmeralda de Lilybeth permanecían fijos sobre los suyos, concentrados en cada corte—, era capaz de seguir cada uno de sus movimientos. Incluso, a través de la madera del suelo, podía imaginarlo asintiendo y negando para sí mismo cada cierto tiempo, completamente absorto en aquel pequeño caos que solo él parecía comprender.

—No, esto es demasiado aburrido... esto tampoco... esto sí... oh, definitivamente esto.

Había prometido dejarse crecer el cabello. Durante semanas lo mantuvo escondido tras una coleta; rara vez se lo soltaba. No era muy distinto a todo lo demás. Así había ocurrido cuando los otros Merodeadores descubrieron que tocaba la batería, el bajo o, incluso, que podía cantar casi tan bien como James. Su personalidad parecía abrirse paso de la misma manera: tímida, temerosa, rígida, terca... Poco a poco comenzaba a dejarse ver. Y, en el fondo, sabía que tenía que ser así.

Lilybeth seguía midiendo, cortando. Remus ya no sabía en qué momento había comenzado a concentrarse únicamente en sus ojos, intentando dejar todo el resto del ruido al margen. Respiró con algo más de calma. Tampoco supo cuánto tiempo había pasado.

Desde la habitación de abajo le pareció escuchar la voz de James mezclarse con la de Peter. Este hojeaba distraídamente unas revistas de música, mientras James caminaba de un lado a otro con una impaciencia imposible de ocultar.

—¿Cuánto más falta? —preguntó por quinta vez.

Después de un tiempo había cerrado los ojos, casi dormitando. Cuando volvió a abrirlos, el espejo estaba frente a él. Nunca le había gustado observarse durante demasiado tiempo.

La polera negra, de cuello ancho, resbalaba ligeramente sobre uno de sus hombros, dejando al descubierto una clavícula demasiado marcada y un cuerpo que siempre le había parecido excesivamente frágil. Los shorts de malla, ajustados, le resultaban todavía peores. Sentía las piernas desnudas, vulnerables, como si estuviera usando una ropa que no le pertenecía. La tela le molestaba sobre la piel, en su textura.

Instintivamente intentó bajarse un poco más la polera, frunciendo apenas el ceño en un gesto entre irritado y confundido.

—No —dijo Lilybeth con firmeza, apartándole la mano—. Déjalo.

Obedeció sin decir absolutamente nada.

Entonces llegó el turno de las cicatrices.

Lilybeth abrió una pequeña caja de maquillaje profesional y comenzó a trabajar sobre su piel con una delicadeza casi imposible. Remus la siguió con la mirada. Las marcas que cruzaban sus brazos desaparecieron primero. Después las del cuello. Las de la clavícula. Algunas sobre los muslos. No las borraba realmente. Solo las convertía en sombras casi imperceptibles bajo la luz.

Su tacto era gentil. Casi mágico. Sin darse cuenta, Remus volvió a relajarse.

Observó nuevamente el reflejo.

Era él.

O... alguien diferente.

No sabría decirlo con precisión.

Era alguien que jamás habría imaginado encontrar al otro lado del espejo.

—No sabía que tenías esa mandíbula —murmuró Sirius con una sonrisa ladeada.

—Siempre la tuvo —respondió Lilybeth sin apartar la vista de su trabajo—. Solo estaba escondida por esa manera de caminar mirando el suelo.

Finalmente bajaron las escaleras, el sonido de la madera crujiendo bajo sus pasos. James dejó, por fin, de pasearse con aquella inquietud que parecía no abandonarlo nunca. Peter levantó lentamente la vista de la revista.

El silencio cayó sobre la habitación.

Los cuatro contemplaban el mismo reflejo.

No era el muchacho tímido que se escondía detrás de los libros.

No era el estudiante que intentaba hacerse pequeño para pasar desapercibido.

Había algo distinto.

Algo que siempre había estado ahí.

Solo permanecía oculto.

Sirius sonrió de medio lado.

—Ahí estás, Moony.

Remus tragó saliva.

Las comisuras de sus labios se elevaron apenas. Sintió, por primera vez en toda la tarde, cómo la tensión abandonaba poco a poco sus hombros.

Volvió a mirar su reflejo.

Todavía le resultaba extraño.

El cabello caía libre sobre su rostro, desordenado, con mechones rozándole la frente y las mejillas. Muy distinto a la coleta con la que había intentado esconderlo durante tanto tiempo.

Pero ya no le desagradaba tanto.

James fue el primero en romper el silencio.

Abrió la boca para decir algo, pero volvió a cerrarla. Parpadeó un par de veces, recorriendo a Remus de arriba abajo antes de negar lentamente con la cabeza.

—Te ves ridículamente bien.

Remus bajó la mirada casi por reflejo.

—No exageres...

—¿Que no exagere? —Sirius soltó una carcajada, cruzándose de brazos—. Llevamos meses diciéndote que dejaras de esconder ese cabello.

—La coleta no estaba tan mal —comentó Lilybeth mientras guardaba las brochas dentro de la caja.

—Era un crimen estético.

—Era práctica.

—Era espantosa.

—¿Van a discutir por mi coleta durante el resto de la tarde? —murmuró Remus, negando apenas con la cabeza.

Peter dejó escapar una risa entre dientes.

James terminó por soltar una carcajada.

Hasta Lilybeth sonrió.

Y, casi sin darse cuenta, Remus también.

La risa escapó finalmente de sus pulmones, ligera, llevándose consigo el último resto de tensión que aún conservaba el cuerpo.

Seguía siendo él.

Solo que, por primera vez, parecía dispuesto a dejar de esconderse.

Remus sostuvo la mirada de su propio reflejo unos segundos más.

Después se incorporó.

Tomó la chaqueta que Sirius había elegido para él y se la echó sobre los hombros con una naturalidad que no había tenido al entrar en aquella habitación.

Ni siquiera volvió a mirarse.

—Bueno... —dijo, abriendo la puerta—. ¿Tocamos, chicos?

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ㅤㅤㅤㅤ𝑏𝑦: @𝑚𝑜𝑜𝑛𝑦
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LOST IN THE TOP LANE Cambió su foto de portada
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LOST IN THE TOP LANE Cambio su foto de perfil
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જ⁀ I don't wɑnt to set the world on fire
ㅤㅤI just wɑnt to stɑrt ɑ flɑme in your heɑrt. ’
ㅤㅤ𝗼𝗽𝗲𝗻 𝗳𝗶𝗹𝗲ㅤ‣ㅤs͟t͟a͟r͟t͟e͟r in process ; Jellyfish
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─── Hmpff...── un resoplido brota de sus labios, principalmente causado por el movimiento incesante del rubio. No le molesta que cada que beba termine en su habitación, sino que se mueva como si fuera una pulga salvaje. ─── ¿Quieres dormirte, cocinero?── no se hacía responsable de sí mismo, de otra forma.
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ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝘃𝗲𝗿. canon.

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Bélle Danworth Cambió su foto de portada
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⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝕷𝖔𝖓𝖌 𝖆𝖌𝖔, 𝖙𝖍𝖊 𝕸𝖔𝖔𝖓 𝖈𝖆𝖑𝖑𝖊𝖉 𝖙𝖍𝖊 𝕭𝖑𝖚𝖊 𝕱𝖑𝖔𝖜𝖊𝖗 𝖔𝖋 𝕯𝖆𝖓𝖜𝖔𝖗𝖙𝖍... 🌙
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⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝑏𝑦 @𝑎𝑛𝑛𝑖𝑒.𝑡𝑥𝑡

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Bélle Danworth Cambio su foto de perfil
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⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝔏𝔞 𝔅𝔢́𝔩𝔩𝔢 ⠀ 、 ⠀𝕿͟𝖍͟𝖊͟ 𝕲͟𝖔͟𝖑͟𝖉͟𝖊͟𝖓͟ 𝕱͟𝖚͟𝖌͟𝖎͟𝖙͟𝖎͟𝖛͟𝖊 ❄
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𝐿𝑎 𝐹𝑢𝑔𝑖𝑡𝑖𝑣𝑎 𝐷𝑜𝑟𝑎𝑑𝑎 corre detrás del mundo, dejando a su paso un cabello que ondea como un fino hilo de oro. Así comenzaron a llamarla los habitantes de los pueblos que encontraba en su camino, sin conocer jamás su verdadero nombre. No pasó mucho tiempo antes de que los carteles de «𝑆𝑒 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎 𝑎 𝑙𝑎 𝐹𝑢𝑔𝑖𝑡𝑖𝑣𝑎 𝐷𝑜𝑟𝑎𝑑𝑎» aparecieran clavados en tabernas y plazas, ilustrados con dibujos absurdos que apenas se parecían a ella. Para entonces, su leyenda ya había llegado a lugares donde sus propios pies todavía no lo hacían.
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Lejos de su hogar en el Bosque Helado, el blanco inmaculado del invierno fue cediendo lentamente hasta que su cabellera adquirió un brillo tan dorado que parecía hecha de oro. Solo cuando la antigua magia del Invierno despertaba y se desbordaba en su interior recuperaba, por un instante, la apariencia nívea de la niña que alguna vez fue. Sin embargo, había algo distinto: en sus ojos ya no habitaban la inocencia, sino la rabia y un dolor que el tiempo nunca consiguió apaciguar. Era entonces cuando los susurros comenzaron a llamarla el 𝑇𝑒𝑟𝑟𝑜𝑟 𝐵𝑙𝑎𝑛𝑐𝑜, como si se tratara de una entidad nacida del propio Invierno. La realidad, sin embargo, era mucho más sencilla y mucho más cruel: solo era una niña entrando en la adolescencia que había perdido a su padre demasiado pronto, y el mundo más allá de su hogar jamás fue amable con ella.
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Las criaturas aladas ya no la reconocían. Las bestias ocultas entre los árboles la recibían con los colmillos al descubierto, mientras las mariposas evitaban posarse sobre sus manos. La naturaleza la observaba con recelo, como a una intrusa de la que debía defenderse. Percibían en ella el extraño aliento del Invierno, pero, en lugar de acogerla como a una hija de los espíritus, respondían con violencia. Aquellos no eran los espíritus que la habían visto crecer, ni aquel era el Bosque Helado que alguna vez la reconoció como parte de su sangre.
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Lejos de su hogar ya no era la 𝑃𝑟𝑖𝑛𝑐𝑒𝑠𝑎 𝑑𝑒 𝑁𝑎𝑑𝑖𝑒. Solo era una muchacha de cabellos dorados que corría detrás del mundo, intentando sostener una misión que jamás pidió: encontrar a los renacidos de las antiguas entidades antes de que lo hicieran sus enemigos. Sabía demasiado bien el precio de llegar tarde. Cada noche volvía a contemplarlo, cuando el cuerpo sin vida de Ásgard regresaba para perseguir sus sueños.
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Solo la Luna seguía observándola con una paciencia inmutable. Bélle, sin embargo, jamás volvió la vista hacia ella.
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—No soy tu protegida. Me abandonaste... igual que Ásgard. Ahora solo me llamas cuando te conviene, 𝐿𝑢𝑛𝑎 𝑑𝑒 𝑃𝑒𝑟𝑙𝑎.

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⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝑏𝑦 @𝑎𝑛𝑛𝑖𝑒.𝑡𝑥𝑡

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Albumcito que voy a dedicarle a mi querido esposo tan lindo porque se merece que lo este apreciando 24/7

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