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ⓘ 𝗦𝘁𝗮𝗿𝗱𝗮𝗿𝗸 multimuse .ᐟ
Sirius ✦ Black
INCESTO PT. 2
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Los días previos a las vacaciones, pensaba más de lo normal en Csilla, le regalaba sus flores favoritas y salía con ella de vez en cuando a Hogsmeade. Rechazaba citas y prefería pasar el tiempo con su presencia.

Quería engañarme a mi mismo, pensando que solo era detallista y comprensivo con su persona porque así deberia ser un hermano mayor. El espantarle algunos pretendientes lo tomaba como un "tranquilo, solo la estás protegiendo de algún patán que quiera aprovecharse de ella". Vaya, que discernimiento me tenia.

Las continuas noches eran normales, Csilla me buscaba sin un motivo aparente, solo para conversar. No, hasta esa noche en que el rumbo de dichas conversaciones tomo un camino distinto al que yo más pensaba pero menos trate de evitar.

¿Es enserio, Sirius?

¿Sobre? —le pregunté—

Ya sabes, el de que sales con Keitty, la de Slytherin.

—al escucharla solo me reí para mis adentros, fijando mi vista hacia alguna parte de la habitación—

Ahora resulta que no me contarás eso.

Csilla, no sé cuántas más han incluido en mi lista. Ya solo falta que hasta incluyan a una profesora.

Pues solo eso falta. —me dice en un tono sarcástico—

—solo me limite a poner en blanco mis ojos y negué con mi cabeza—

Al menos te diviertes en Hogwarts. Yo, raramente no he tenido algún pretendiente.

¿Tu Csilla?, das miedo. De seguro es el temor. —le conteste de manera sarcástica—

Ash, cállate, que es extraño saber que me invitan y al dia siguiente me dejan plantada en el lugar donde se supone que quieren que vaya.

Trague un poco en seco, y me quede en silencio por solo unos cuantos segundos, pues sabía que quien se había encargado de espantar sus pretendientes era yo.

Digamos que algunos hombres no lo son en toda la extensión de la palabra. —le dije—

¿Y cuáles si? ¿Tus amigos? —me pregunto—

Al escuchar la palabra amigos, un inminente calor subió mi rostro, haciendo que mi pecho se llenara como un globo. Giré mi cabeza en su dirección y puse una expresión de furia.

No, ellos nunca. —le conteste con voz firme—

A este paso me llegara más la platica con nuestros padres sobre el sex.o que el perder mi virginidad.

Por supuesto que lo era, yo me había encargado de que lo fuera todos los años escolares en que intentaron algo más allá que una amistad.

¿Es tan importante para ti eso? —le pregunto—

—Csilla negó con la cabeza, para después acostarse a mi lado— No, para nada, de hecho me asusta.

¿Asustarte?

Si, digamos que las conversaciones que he tenido sobre eso no han sido del todo gratificantes, a la mayoría les duele.

—me acoste a su lado también y comencé a reír—

Oh, no te rías, los hombres no tienen ni la menor idea de eso.

Claro que si, es solo que durante el acto les gana más la acción de ir directo a seguir explorando el juego previo. —le mencione, alzando los hombros—

El gran experto. Pero aún así, tengo miedo, no es cualquier cosa, al menos para mi como mujer, no lo sé, es un acto de confianza y sentimiento.

Si, algo intimo, no debes tomarlo a la ligera.

—Ella solo hizo una pequeña mueca y suspiró levemente—

Por mi parte, me dediqué a observarla. Se veía demasiado linda guardando silencio, y mordiéndose los labios, como si algo le terminara no del todo convencer.
Aunque la habitación se encontraba oscura, sus tenues pecas y su cabello color azabache resaltaban de entre la pequeña luz que sobresalía de las diversas velas que tenía alrededor.

No me mires así. —me expreso, posicionando su mirada en mi—

Solo sonreí, mientras que hice de todo, menos obedecerla. Continuaba mirándola, como si estuviera tratando de fotografiar en mi memoria cada una de sus facciones que la hacían ser ella, una chica diferente, alguien a quien le debía mi felicidad y el sentirme yo sin ser juzgado.
No supe en que momento mi cercanía se redujo a solo unos centímetros, esperaba que no pusiera resistencia, solo que se dejara llevar por lo que el tiempo discretamente sugería.
Y así sucedió, nuestros labios se unieron, en un beso lento pero que emanaba algo más. Poco a poco el beso subió de tono, transformándose en un vaivén desesperado, en una tonalidad apasionada, danzando tortuosamente por saber cual de nuestras lengua sería la ganadora de esta batalla.

No sentí remordimiento, asco, ni desprecio como lo había sentido aquella vez en que descubrí que mis padres eran del mismo parentesco. Más en cambio, recibí de mi corazón y mente, una revolución, aquella que se presentaba y no cesaba cada que desprendía prenda por prenda para percibir el calor de nuestros cuerpos al tocarse.
Cada caricia, cada suspiro, cada beso y cada gemido eran la respuesta a lo que desde hace mucho yo sospechaba pero que calle en mi interior.

Su voz y esa mirada que me insistían el no detenerme, me hacía cuestionarme cada vez menos el porque estaba cometiendo esto.
Perdí total inseguridad, poniendo una mínima cautela en si nos podían oír del otro lado de las habitaciones.

Debia poner el ejemplo, siempre, pero esa noche...solo era yo siguiendo mis instintos e impulsos. Por primera vez pensaba en mi. Y no era que me importara menos, Csilla; solo que en esa acción me sentía libre, sin ataduras, en un momento que era mío y de nadie más.

La cama que se movía salvajemente como el ímpetu del mismísimo mar, fue testigo del gran pecado que cometí y del cual no pensaba redimirme. Tal vez tenía que preocuparme por lo que pasaría después. Las explicaciones que tendría que decirle a mis padres si llegaban a ver algún rastro de las marcas que le dejé, pero eso no era de preocuparse, sino hasta que el sol se asomara por mi ventana y entendiera que aquel sublime y bello acto había terminado.

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Sirius Black añadido nuevas fotos a ★ ◞ Narrations
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ⓘ 𝗦𝘁𝗮𝗿𝗱𝗮𝗿𝗸 multimuse .ᐟ
Sirius ✦ Black
INCESTO PT.1
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Creci en un núcleo familia tradicional, un tanto bochornoso y otro tanto correcto. La rectitud es lo que da prestigio, más ante un apellido tan antiguo e importante dentro de lo que es el mundo mágico.
Ser el primogénito/mayor, no es tarea fácil, la mayoría espera lo mejor de ti, que seas el ejemplo a seguir, el más fuerte, el principal pilar y futuro.

Después de mi, nació Csilla, mi hermano Regulus y la más pequeña de la casa, Alya. Éramos cuatro juguetes ideales, simples artefactos que Walburga utilizaba para conseguir lo que tanto reclamaba con impetud; el reconocimiento.

Ninguno mas perfecto que el otro, pero si menos idealizado que yo. En mi estaba puesta la esperanza de que cada que resonara el apellido Black en la boca de una persona, es porque hablarían con respeto y admiración, como si fuera la única realización de una persona el alcanzar a ser como nosotros.
No tenía escapatoria. Por ningún lado en que mis ojos se posaran sobre las paredes tapizadas y verdosas, todo era complementamente esclarecido en un contundente "Sirius, recuerda, es tu responsabilidad el que porten bien este nombre" "No te da vergüenza el que tus hermanos sepan que a quien más admiran resultó ser la mayor decepción de toda su familia", "No sirves como hermano, mucho menos servirás de otra cosa", palabras así, eran de un gran peso psicológico para un niño de 11 años que intento de todo pero nunca encajo y ni se sintió feliz con lo que sus padres le enseñaban.

¿Por que tenia que poner en mi primer lugar el honor antes que mi felicidad? Yo solo quería jugar, reír, platicar, tener alguien con quien obtener la suficiente confianza para contarle de mis problemas, recibir un beso, un abrazo, una pequeña señal de que al menos mis progenitores me veían más allá que solo una herencia o puerta a todos sus problemas sobre el prestigio.
Pero eran Walburga y Orión, de ellos podía esperar castigos, crucios, palabras hirientes, humillaciones, burlas, menos un "eres mi hijo".

La costumbre a eso me hacía tolerante, sin embargo, también despertaba en mi la curiosidad de buscar las respuestas de porque mis padres llegaron a ser lo que ahora son. De donde es que habían tomado esas actitudes de ser tan rectos y crueles.
Aunque al final opté por no tomarle importancia; la vida, Dios, Merlin o lo que sea que se encuentre siendo nuestro superior en este plano, me hizo ver algo por lo cual comencé a despreciarlos aún más.

Recuerdo que Walburga, ese dia en particular, me había quitado un artículo muy preciado que me regalo una de las pocas personas que confiaba en el colegio. Así que emprendí mi búsqueda, aprovechando sus salidas de la mansión para entrar a su habitación, donde guardaba todas las cosas que decidía arrebatarme.
Comencé a curiosear por todos lados, abriendo cajones y teniendo cuidado de poner cada cosa que levantaba o movía de lugar en la misma posición.
Eran interminables las cosas que guardaba mi madre, entre ellas artículos antiguos que seguramente obtuvo en su infancia, documentos y más papeles que no entendía ni porque estaban haciendo bulto ahí.

Seguí emprendiendo mi diminuta búsqueda; hasta que llegué a uno de los cajones cercanos al armario, lo abrí y me encontré con dicho artículo, guardado y escondido entre un tumulto de papeles que parecían de igual manera solo estorbar. Lo tome, sin dudar, hasta que mi vista se fijó en algo que decía "acta de matrimonio", se que era un papel que no debía importarme, pero por alguna razón comencé a leerlo, dándome cuenta de que mis dos progenitores tenían los mismos apellidos.
Para ese entonces, mi mente comprendía bastantes cosas, así que era demasiado tonto el ignorar el hecho de que si llevaban los apellidos de manera similar, era porque tenían algún parentesco u lazo sanguíneo que los uniera.

Al darme cuenta de ello; salí lo más rápido que pude de esa habitación y entré a donde hace unos cuantos años atrás no lo hacía. Busque entre el numeroso tapiz el nombre de ambos y cuando los encontré, mi boca se secó, mi aliento había desaparecido y el mundo entero ahora parecía dar vueltas.

Son primos... —me dije hacía mis adentros, casi en un susurro, que aunque no se escuchara temía a que alguien lo hiciera—

Como una familia tan recta como los Black podía cometer tal atrocidad. Mi mente no llegaba a percibir y terminar de asemejar semejante cosa.
Hasta que extremo tenía que llegar esta familia con tal de mantener intacta la creencia sobre la pureza de la sangre.
Aquella noche no pude dormir, fue una muy larga; nunca se lo mencioné a nadie, menos a mis amigos del colegio y por supuesto hermanos, pues aún no entendía como es que se podía permitir actos así.

Ahora, nada en esa casa me mantenía sereno, todo parecía una cárcel sin salida, llena de secretos que podían susurrarse sobre las paredes.

La difícil compostura que guarde, el no poner cara de asco y desprecio cada que compartía la mesa o algún espacio con mis padres. Era una tortura.
Sin embargo, ante tanta penumbra e intranquilidad, existía alguien que lograba transmitirme paz. Esa persona era mi hermana Csilla, la mayor de las mujeres.
Ella al menos comprendía el papel que desempeñaba un primogénito, pues Walburga esperaba que fuera el ejemplo a seguir de Alya.

A diferencia de mi, Csilla si logro entrar a Slytherin, la casa predilecta y favorita de los Black. En eso no tenía que aguantar insultos. Al principio me enojé con ella, pensé que se quedaría en Gryffindor, haciéndome compañía, tal y como me lo había prometido un dia antes de entrar a Hogwarts.
Pero posteriormente comprendí que era mejor que fuera parte de las serpientes, puesto que no quería verla sufrir, ni tener que aguantar todas las vacaciones los desprecio por parte de toda la familia.

La unión que se fue formando con Csilla era única, de pequeños solíamos jugar solos y a escondidas de mamá y papá, en aquellas fuentes de abundante agua. Solo las ponían a funcionar en verano, así que cuando se hacia alguna reunión importante, eran las que menos se tomaban en cuenta por la insolación que podías llegar a tener si permanecías bastante tiempo en dicho lugar.
Pese a eso, Csilla y yo tomábamos las riendas de ese espacio, saltando y riendo cuando usábamos el agua para mojarnos.
En las noches de frío y tormentas, cuando los rayos parecían iluminar la tétrica y oscura decoración de la mansión, mi hermana sigilosamente entraba a mi habitación, se acostaba a mi lado y me abrazaba, su mayor miedo era la oscuridad, el silencio absoluto, el saber que se encontraba sola y con nadie a su lado que la protegiera o le dijera por lo menos que todo estaba bajo control, que era válido tener miedo, pues sólo era una niña que mostraba su naturaleza en la etapa correspondiente.

Conforme fuimos creciendo ese miedo no se le quitó, cada que mis padres tenían que emigrar a cierto lado y era temporada de lluvias, Csilla se escabullía para poder entrar de nuevo a mi habitación. Aún solía pensar que la soledad la seguiría invadiendo y que terminaría desbordando una locura inminente.
En dichas noches, solíamos platicar de todo. Más acerca de lo que esperábamos a futuro, nuestras aspiraciones, sueños, lo que queríamos lograr y que algunas veces sabíamos que sería un tanto imposible de conseguir.
Yo la alentaba a seguir esforzándose por alcanzar sus metas, mientras que ella me recordaba a cada rato el gran hermano que fui durante su infancia.

Esas últimas palabras, las que siempre decía y soltaba cuando ya tenía demasiado sueño, las peculiares "te quiero, hermano", me llenaban de felicidad.
Terminaban refutando lo que mis padres me inculcaron y escudriñaron sobre que nadie me iba a querer o agradecer debido a que no iba a ser nada en este mundo.

Todo fue cambiando, menos el sentimiento de quererla y protegerla ante cualquiera que se atreviera a hacerle daño. Se podría decir que....en si, nunca me percaté de que eso iba a convertirse en algo verdaderamente extraño ante las demás personas.
Se volvió normal el que quisiera tenerla más cerca, observarla, percibir su aroma, el saber que hacía durante clases, el verla sonreír, tratar de ser lo mejor para ella, entre otras cosas más.
Se que durante nuestra estancia en Hogwarts era complicado el que pudiéramos estar los dos juntos en la misma cama, como lo solíamos hacer durante vacaciones, pero aún si, lograba sacar algún tiempo extra para poder coincidir durante las noches que le tocaba supervisar los pasillos.

Me conocía, comprendía lo bastante ocioso que llegaba a ser. No obstante, no me juzgo, decidió seguir quedándose con lo mejor que le aportaba a su vida.
La compañía con ella no se sentía pesada, al contrario, era mi consuelo y el momento más esperado durante todo mi dia.

Csilla tampoco entendía porque también disfrutaba de esas pláticas, solo sabía que a los dos nos hacía un bien el estar el uno para el otro.

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¡Hola! Si estás leyendo esto, debe ser porque encontraste una de mis tantas notas que he dejado por todo el mundo. Siempre había soñado con tener a alguien que pudiera leer mis cartas, que todo lo que escribo llegue a las manos correctas. Ser aquel abrazo anhelado que tanto te fue negado, el espacio donde pudieras decirme qué pasa por tu mente mientras yo te escuchaba o, bueno, te leía, sin juzgar nunca lo que te llevó a tomar medidas tan desesperadas a lo largo de tu vida.

En fin, no he venido a querer ponerte triste. Al menos no hoy. Pero si tu lo estas, creo que esto es algo que necesitas saber:
La noche es muy larga o corta, según a quién le preguntes primero.
La mañana es maravillosa, no solo porque el sol es nuestro lucero.
Esta vida es grandiosa para mí porque tu habitas en ella.

Soltar la toalla no es fácil: hay valentía y cobardía de por medio. Mas yo no quisiera que te fueras nunca, no ahora que he encontrado a alguien con la capacitad de soñar; un ser que ha avanzado tanto, aún si sus avances son más lentos que los míos; un hombre maravilloso que se permite sentir y dejar fluir sus emociones; una mujer que se enfrento a la mismísima muerte y salió viva de ello; al alma mayor que nunca dejó de perseguir sus metas; a la anciana que se volvió a enamorar de la vida; y a esta personita guerrera que deseo abrazar con fuerza mientras lee mis palabras.

Cuando sientas que a nadie le importas, piensa un momento. En silencio. ¿Es verdad o solo es el dolor hablando? Si es lo segundo, deja que salga de tu cuerpo: llora, grita, escribe, suspira, habla o murmura aquello que te acongoja y no permitas que ese pensamiento negativo destruya lo increíble que has sido este día. Sin embargo, si es lo primero, déjame decirte que a mi me importas. Que no lo digo para que dejes de sentir, sino puedas comprender, que en algún lugar de este basto planeta, siempre hay alguien que esta pensando en ti y espera verte algún día o a la mañana siguiente al despertar. Personas que desean abrazarte y cuidarte una vez más.

Porque tú lo estas haciendo bien al no rendirte. Estas más radiante que ayer. Creó en ti más de lo que yo adoro comer las hojas frescas de los arboles en primavera... y aunque sea pequeño mi caparazón no me engaña: tienes un corazón enorme que no te cabe en tu pecho.

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