@alastor3
Me encontraba sentado en un elegante sillón de terciopelo carmesí, observando a través de los ventanales de mi torre. Frente a mí, sobre una pequeña mesa de madera oscura barnizada, descansaba una taza de porcelana fina de la cual emanaba una suave columna de vapor con aroma a grano recién tostado y especias. Tomé la taza con delicadeza por el asa, sosteniéndola entre mis dedos enguantados, y dejé que el calor se filtrara lentamente mientras mantenía mi inconfundible y amplia sonrisa.
—No hay nada como una infusión bien cargada para comenzar la jornada con buen pie en este encantador rincón del averno —dije, elevando la voz con ese característico tono radiofónico de los años treinta, aderezado por un sutil filtro de frecuencias añejas.
Le di un pequeño sorbo a la taza, saboreando las notas amargas del café negro sin azúcar, antes de dirigir mi mirada hacia ti.
—Qué malos modales los míos, por poco se me olvida ese detalle. Permítame presentarme formalmente: me llaman alastor, ya que los rumores y la frecuencia de ciudad pentagrama suelen referirse a mi así por lo cuál es normal. Un placer absoluto conocerte, estimado espectador.
Apoyé el plato de porcelana sobre la mesa y me recliné un poco en el sillón, ajustando mi monóculo mientras te observaba con curiosidad.
—Como habrás notado, poseo una inclinación particular por los placeres refinados. Me fascina la buena música, el jazz de la vieja escuela, para ser precisos, las representaciones teatrales llenas de dramatismo y, por supuesto, la gastronomía. Nada supera un festín bien elaborado sobre un ciervo a medio pudrir —solte un pequeño suspiro— Disfruto enormemente de una conversación estimulante, la inteligencia y el buen humor de la persona son virtudes que aprecio con fervor.
Hice una breve pausa y solté una risita seca, cargada de estática.
—Por otro lado, detesto profundamente la tecnología moderna, esas diminutas pantallas con las que la gente se atonta hoy en día carecen por completo de alma. Y no me hagas hablar de la falta de modales o del desinterés... la apatía es simplemente aburrida aunque yo suelo ser así pero no hablemos de eso, y si hay algo que no tolero en este mundo ni en el otro, es el aburrimiento.
Sostuve la taza de café una vez más, inclinando la cabeza ligeramente hacia un lado mientras mi sonrisa se ensanchaba, dejando ver mis afilados dientes amarillentos.
—En fin, la vida —o la eternidad— es un escenario, y a mí me gusta asegurarme de que el espectáculo valga la pena. Eso es todo lo que tiene que saber.