—Hmmm… pero que pereza… ahora mé va a tocar vigilar el cielo ¿Aquí tambien? Parece que da igual la dimensión, siempre va a ser lo mismo… ¿Donde estas Eva? Al menos, esta vez mi hijo Maxi me ha acompañado pero…—dió un bostezo, somnoliento, tapándose la boca con la mano y secándose una lagrimilla que aquel estado de cansancio le había dado
—Menuda lata…