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No leer si eres sensible
Lo llamaron loco, degenerado, ruin, asqueroso y un sin fin de adjetivos que calificaban su versión de los hechos. Para él, cada movimiento meticuloso era el logro absoluto, no era un capricho común y corriente que se borraba de la noche a la mañana.
Era, una obsesión enfermiza.
Una que ha arrastrado desde que tiene memoria y que solo la muerte podía arrebatarle. ¿O tal vez era la genética familiar?. Ya no le importaba parecerse al viejo que tanto odiaba. — La sangre llama. ¿No es así?. — Resonó su voz en aquella habitación, llena de fotografías y un altar con velas que apenas movían la flama tras cada exhalación.
Se paseaba por el recinto, palpando con las yemas una vitrina de cristal que contenía la ropa interior de su más grande tesoro, ropa que aún estaba cubierta por el residuo de aquella noche. Una corriente eléctrica recorría su espinal dorsal y provocaba entre sus piernas una erección. ¿Cómo olvidar aquella noche?.
Cada grito, cada gemido, la estrecha cavidad recibiendo su calor y la enorme oposición de Renji para que no terminara dentro, fue en vano. Ese tierno cuerpo que nadie había estrenado (y que se aseguró de que la información fuera 100% verídica) por fin le pertenecía, asegurándose por completo de grabar en él la experiencia a quemaropa.
— Ahh... Fue magnífico, tenerte temblando bajo mis piernas y apretándome fuerte... — Exclamó con un fuerte jadeo, dibujando una sonrisa que se transformo en una carcajada. Apenas estaba comenzando, miro su mano y cerro el puño, su siguiente movimiento estaba cerca.