@Icarusto
Ícaro sostenía entre sus manos una libreta que lo había acompañado a lo largo de sus viajes. Sus páginas estaban repletas de trazos que daban vida a criaturas fascinantes, pero ninguna aparecía tantas veces como el Sol. Su silueta se repetía una y otra vez, estaba perdidamente enamorado de aquel astro que ardía en lo alto.
Si tan solo su padre, Dédalo, no le hubiera prohibido volar a su alrededor...