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Al llegar, el lugar estaba lleno. La gente estaba entrando. Me dirigí a la puerta trasera. Por ahí solo entraba pocas personas. Los exclusivos y yo. Pase una hora revisando que todo estuviera bien hasta que los supuestos socios aparecieron. Estuvimos hablando en una mesa VIP que era mi lugar de observar todo, estaba casi en las sombras. Pude observar a la gente bailando, otros en plan cachondo dandose besos en plena pista, hice una mueca de disgusto antes de volver a mi expresión neutra. Por dos horas estuve hablando con los hombres sentados frente a mi de espaldas a la multitud que olvide la hora. Mi mirada observaba cada cosa del lugar cada cierto tiempo aburrido y cansado de estos idiotas.
Hasta que ví a una rubia de cabello rizado usando un vestido gris ajustado que mostraba la espalda y una pierna en la pista de baile. Bailaba con sensualidad sin darse ella cuenta. Traté de ignorarla pero su manera de bailar me tenía cautivo.
Es muy voluptuosa, el movimiento de su trasero atrapaba mi mirada, me puse duro al mirarla. Nunca había tenido una erección por una mujer tan fácil, suelo despreciar su compañía y tacto. Por más que intenté darle placer a mi cuerpo no pude. Era extraño para mi. Sobretodo porque nadie me ha gustado para hacerme sentir así.
Estar tan duro que es incómodo. En una vuelta su mirada se encontró conmigo. Joder, sus labios estaban pintados de un rojo intenso que se me hizo agua la boca. Tenía una mirada intensa, algo desafiante que llamó más mí atención. Pero como todo. La magia de su mirada duró poco cuando dos chicas, una pelirroja y otra morena me miraron con horror. Le susurraron algo, luego la sacaron del lugar a la fuerza. No dejé de verlas hasta que desaparecieron. El bartender me miró, lo llamé con un movimiento de cabeza, se acercó de inmediato.
—Nombre de la rubia que se fue.—
Pedí sin dejar de mirar la puerta donde se la llevaron.
(Parte del libro en proceso que ando creando)