A lo lejos parece comenzar a formarse una cortina de humo, una esencia que se cuela a través de la grieta que resquebraja la realidad. Entonces se percibe una esencia, una intención sin malicia ni gracia que pasa como un susurro del viento, un alicio que baña una costa desolada, una donde aquella alguna alguna vez existió.
¿Quién la llamó?
Un ecólogo que estudia con profundidad la rama de la Ecología Humana. Es un hombre extremadamente amable, cálido y dispuesto a siempre tender una mano a los demás. Sensible, ambientalista, respetuoso con la libertad ajena. Tras su afable sonrisa se esconde un trabajado compulsivo y algo que trasciende la humanidad. Esa distancia que se percibe con él no es casualidad: «simplemente somos distintos».