¿Por qué empezar desde el inicio?
||Este contenido es para mayores+21 ya que contiene situaciones que que pueden herir la sensibilidad||
¿Qué tan ocurrente es la mente para suplantar aquello que deseamos con desesperación? Es una excelente pregunta. Quizás en este relato encuentres la respuesta.
Desde que nació, la vida de ese joven príncipe incomprendido simplemente fue elegida por otros. Cuando se dieron cuenta de que el muchacho no sería lo que ellos deseaban, su vida dio un vuelco, un giro de 180 grados que no supo cómo manejar a su corta edad. Pero había algo que sí podía hacer: observar. En el palacio que durante el día se llenaba de los gritos tortuosos de una pequeña alma que se negaba a ser cambiada, por la noche reinaba el silencio, roto únicamente por los pasos casi inaudibles de sus pies descalzos.
Ya era una rutina para el niño ir a sumergirse en el agua del estanque cercano a su palacio. El agua fría hacía que el dolor de huesos fuera tenue, mientras que el silencio simplemente lo calmaba.
Hasta que una noche, a sus nueve años, la quietud del estanque fue interrumpida por un aleteo
¿Pajaritos?
Susurro el joven noble, observando con curiosidad a aquellas aves que se acercaban con confianza.
Eran gansos, animales hermosos y orgullosos que habían decidido hacer del estanque su hogar. Con el pasar de las noches, la presencia del pequeño rubio se volvió una constante para las aves, así como ellas se convirtieron en un alivio dentro de la tortuosa rutina de Cecil.
Así, los días se convirtieron en semana, las semanas en meses, donde ese estanque se volvió un refugio para el niño, junto aquellas aves que empezó a adorar como a su familia.
Pues en su mente esto tenía sentido ¿No? Los gansos, hermosas aves protectoras de sus polluelos, aquellas que incluso adoptaban a pequeños huérfanos sin "preguntar" , aquellas que incluso no veían con recelo a dos machos amarse.
-Si me vuelvo un pajarito... ¿Van a amarme?-
En su mente, esa pregunta tenía sentido, en la mente infantil de alguien que, desesperadamente quería ser amado, sin importar de dónde venía el amor.
Así, el niño comenzó a pasar más y más tiempo en el estanque, acompañado de esas aves y polluelos.
Poco a poco la relación se estrecho con esos bellos animales, sobre todo, con una Gansa vieja, aquella que parecía no tener polluelos, al menos la no en esa epoca.
La misma lo adoptó como parte de la parvada, quedándose a su lado cuando los demás migraban. La relación se estrechó, una Gansa anciana con mucho amor que dar y un infante que buscaba calor con desesperación.
Tanto así que comenzó a creer que podía hablar con ellos, se sentía seguro a su lado, más que estando rodeado de los guardias en la corte, que lo jugaban en silencio.
Cómo dice el dicho 'los animales aman y no piden nada a cambio'.
Tanto fue la seguridad que Cecil encontró en ese animal, que comenzó a descuidar, las tareas que a su corta edad le eran encomendadas.
Por un tiempo, la vida fue tranquila, demasiado tranquila, pero es curioso después de la calma... Siempre viene el huracán.
Así fue como una noche, de verano, los padres de Cecil, cansados de que descuide sus "tareas" decidieron tomar accionar ante las distracciones del infante.
El día de su cumpleaños, tal vez, el joven noble pasaba el rato con sus amados animales, hasta que la quietud del estanque fue interrumpida por un estallido que resonó violentamente "PAM".
Asi fue, como ante los ojos del muchacho , el agua cristalina del estanque comenzó teñirse de rojo carmín, siendo la primera en irse aquella alma que según su entendimiento más lo había amado.
¿P-pa-pajarito?
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