Rachel Roth | Ficha.

Nombre: Rachel Roth.
Edad: 22 años.
Apodo: Raven | Rae.
Nacionalidad: Estadounidense.
Fecha de nacimiento: 22 de Noviembre.
Especie: Híbrida humana | Demonio.
Familia: Angela Roth
Residencia: Portland, Oregon.
Agencia: IMG Models | Victoria's Secret.
Ocupaciones: Modelo de lencería | Modelo de revista | Bailarina exótica | Estudiante de Psicología.
Orientación sexual: Demisexual.
Situación sentimental: ¿?

• Apariencia Física •

Raven es una joven de complexión delgada y atlética, con apariencia juvenil y de facciones suaves. Su piel suele representarse en tonalidades un poco pálidas. Tiene cabello oscuro con tonalidades violetas, actualmente el largo de su cabello es hasta la cintura con un flequillo. Sus ojos son de un tono púrpura oscuro. Posee un rostro fino y juvenil, con cejas oscuras y definidas, ojos grandes y expresivos, nariz delicada, labios definidos; la forma exacta de sus facciones parecen de muñeca de porcelana.

Posee una complexión femenina delgada, estilizada y atlética, con una silueta proporcionada y ligera. Su cuerpo no está representado como excesivamente musculoso, sino como el de una joven entrenada y ágil, con musculatura discreta y definida. Sus hombros son estrechos a moderados, sus brazos delgados y sus manos finas, mientras que su cintura presenta una forma relativamente estrecha en contraste con sus hombros y caderas. Su torso es estilizado y sus piernas son largas y proporcionadas al resto de su cuerpo, muslos más voluminoso que la parte inferior de las piernas debido a su deporte favorito "Pole dance".

Busto con tamaño grande a su complexión. Su cintura es estrecha pero natural, y sus caderas mantienen proporciones moderadas y equilibradas con el resto de su cuerpo.

Uno de sus elementos más importantes es la gema que lleva en la frente. La gema es pequeña, de forma ovalada, tonalidad rojo oscuro. Está situada en el centro de su frente; la relaciona con la espiritualidad, con su naturaleza y con su alma.

La gema está vinculada además con su "soul-self" o yo/alma espiritual, una manifestación sobrenatural que Rachel tiene como don.

Historia.

● RACHEL ROTH ●

Rachel Roth nació de una unión que jamás debió existir. Su madre, Arella, era humana; su padre, Trigon, era un demonio cuya existencia estaba ligada a mundos que un ser humano jamás debería haber conocido. De aquella relación prohibida nació una niña que heredaría algo de ambos: la humanidad de su madre y el poder sobrenatural de su padre. Sin embargo, antes de comprender qué significaba tener aquella sangre, Raven tendría que descubrir algo mucho más doloroso: que haber nacido no significaba necesariamente ser bienvenida.

Desde sus primeros días de vida, Raven fue una niña hermosa. Sus facciones delicadas, sus grandes ojos y la apariencia que heredó de sus padres hacían que llamara la atención incluso siendo un bebé. Pero aquello que para cualquier madre habría representado orgullo, para Arella comenzó a convertirse en una fuente de resentimiento. Cada vez que miraba a su hija veía algo que prefería olvidar: a Trigon, la relación que había tenido con él y la vida que había dejado atrás. Raven no comprendía nada de aquello.

Para ella, Arella simplemente era su madre. Una figura que esperaba que la cargara, que respondiera cuando lloraba, que la protegiera.
Pero Arella comenzó a ausentarse emocionalmente.

Cuando Raven tenía apenas cinco meses, podía pasar largos períodos sin recibir atención. Arella justificaba su distancia con el trabajo que realizaba como secretaria de su esposo, mientras Trigon estaba demasiado ocupado con sus propios intereses. Su negocio, Asunto Importante, se había convertido en una organización dedicada a resolver problemas y deudas ajenas mediante métodos que nadie más quería emplear. Las personas acudían a él cuando habían agotado todas las demás opciones, y Trigon encontraba a quienes estaban dispuestos a realizar el trabajo sucio.

La familia quedaba en segundo plano.

Raven también.

Para Trigon, su hija no era una niña que necesitara ser protegida. Era una posibilidad futura. Una criatura con un potencial que algún día podía ser utilizado para beneficio propio. Su sangre demoníaca, sus capacidades sobrenaturales y la belleza que había heredado de su madre podían convertirse en recursos.

Así comenzó la vida de Raven: rodeada de adultos, pero emocionalmente sola.

Un niño no nace sabiendo que sus padres pueden fallarle. Para un niño, ellos son el mundo. Raven no podía comprender que la indiferencia de Arella no era culpa suya ni que el desapego de Trigon tenía relación con su propia naturaleza. Solo podía observar.

Observó que otros niños eran abrazados.

Observó que otras madres sonreían cuando sus hijos hablaban.

Observó que algunos padres se sentaban junto a sus hijos antes de dormir.

Y observó que aquello nunca ocurría en su casa.

Al principio lloraba para conseguir atención. Después comenzó a esperar. Finalmente dejó de pedir.
Ese fue uno de los primeros mecanismos de defensa que desarrolló:

Silencio.

Raven descubrió que permanecer callada dolía menos que pedir cariño y no recibirlo. Aprendió a esconder el llanto, a no preguntar demasiado y a permanecer en lugares donde nadie pudiera decirle que estaba molestando. Su mundo comenzó a perder color. No porque careciera de imaginación o emociones, sino porque nadie había creado un espacio seguro donde pudiera expresarlas.
Y, paradójicamente, Raven sentía demasiado.

La sangre de Trigon había dejado algo dentro de ella que todavía no comprendía. Raven podía percibir las emociones de quienes la rodeaban con una intensidad anormal. La tristeza de otra persona podía filtrarse en su propio cuerpo. El miedo podía hacer que su respiración cambiara. La ira podía sentirse como fuego bajo la piel.
Aquello no era simplemente sensibilidad, era su:

Poder.

A los seis años, las manifestaciones comenzaron a hacerse demasiado evidentes para ignorarlas. Objetos que se movían cuando se asustaba, sombras que parecían reaccionar a su estado emocional, sueños extraños y una sensación constante de que había algo dentro de ella que esperaba ser descubierto.
Fue entonces cuando apareció la primera persona que realmente intentó enseñarle qué hacer con aquello.

• Su maestra en conocimiento espiritual. •

Era una mujer relacionada con las antiguas enseñanzas de Azarath, alguien que conocía la naturaleza de Trigon y comprendía perfectamente el peligro que suponía dejar que una niña con las capacidades de Raven creciera sin orientación. No la trató como un monstruo ni como una futura arma. La trató como una niña.

Y eso, para Raven, era algo nuevo.
Su maestra comenzó enseñándole cosas aparentemente sencillas: respirar, permanecer quieta, reconocer las emociones antes de reaccionar a ellas y distinguir entre aquello que sentía ella y aquello que pertenecía a otra persona. Después llegaron los ejercicios de concentración, meditación y control energético.

Raven aprendió que no podía eliminar sus emociones.
Tenía que comprenderlas.
Su maestra también comenzó a introducirla en conocimientos vinculados a Azarath: rituales, símbolos, prácticas espirituales y formas de canalizar energía. Raven descubrió que la magia no consistía simplemente en pronunciar palabras antiguas y esperar que ocurriera algo sobrenatural. Exigía intención, disciplina y control.

Sobre todo, exigía conocerse a uno mismo.
Y Raven todavía no se conocía.
Aquel entrenamiento sería la primera relación verdaderamente estable que tendría durante su infancia. Su maestra no podía reemplazar a una madre, pero le dio algo que sus padres nunca le habían dado: una explicación.

Raven no estaba rota.

Estaba aprendiendo.

Sin embargo, fuera de aquel pequeño espacio de entrenamiento, su vida continuaba deteriorándose.
La escuela no se convirtió en el refugio que necesitaba.

Trigon había creado enemigos durante años y algunos de ellos tenían hijos. Cuando descubrieron quién era Raven, dejaron de verla como una niña. Para ellos era la hija del hombre responsable de sus desgracias. No les importaba que Raven no hubiera elegido a su padre.

El apellido bastaba.

Primero fueron los insultos.

Después los empujones.

Luego las agresiones.

A los ocho años, la violencia se había convertido en una parte habitual de su vida escolar.

Raven intentaba defenderse, pero seguía siendo una niña. Algunas veces corría. Otras gritaba. En ocasiones intentaba devolver los golpes, aunque aquello solo hacía que la situación empeorara.

Las marcas comenzaron a aparecer en su cuerpo.
Los profesores empezaron a notarlas.
Pero Raven no sabía cómo pedir ayuda.
Había aprendido demasiado pronto que mostrar vulnerabilidad podía convertirse en otra razón para que alguien la lastimara.

Al regresar a casa tampoco encontraba seguridad.

No había una madre esperando para abrazarla.

No había un padre preguntando qué había sucedido.

Había silencio.

El mismo silencio que había conocido desde bebé.

Una noche, después de otra agresión, Raven se quedó sola en una habitación intentando entender por qué su vida era diferente a la de los demás niños. Miró sus manos y se preguntó si había algo defectuoso en ellas.

—¿Qué hice mal?

Nadie respondió.

—¿Por qué me odian?

Silencio.

Las lágrimas comenzaron a caer.

—¿Acaso nacer es un pecado?

Aquella pregunta terminó convirtiéndose en un grito.

—¡Quiero vivir como los demás niños!

Entonces ocurrió.

Las sombras se extendieron alrededor de sus pies.

La temperatura descendió.

Una energía oscura comenzó a envolverla.

Raven sintió algo salir de su interior y, por primera vez, comprendió que la oscuridad que llevaba dentro no era una metáfora.

Era real.

Su poder había respondido a su dolor.

Y eso la aterrorizó.

Su maestra tuvo que ayudarla a comprender que aquellas manifestaciones no significaban que estuviera convirtiéndose en Trigon. Su poder podía ser oscuro, pero la oscuridad no determinaba cómo lo utilizaría.

Aquella diferencia se convertiría en una de las lecciones más importantes de su vida.
Tener el poder de destruir no significa elegir destruir.

A medida que Raven crecía, comenzó a conocer la verdad sobre su padre. Descubrió que Trigon no era simplemente un hombre cruel. Era un demonio. Un ser que había conquistado y destruido mundos y cuya influencia podía extenderse mucho más allá de su propia familia.

Raven comenzó a temer que existiera algo inevitable dentro de ella.

¿Y si algún día se convertía en él?

¿Y si la sangre era más fuerte que la voluntad?

¿Y si su destino ya estaba escrito?

Aquellas preguntas comenzaron a perseguirla.

Y mientras Raven luchaba contra su propia naturaleza, Trigon comenzó a observar otra característica que podía utilizar.

• Belleza. •

Cuando Raven entró en la adolescencia, su apariencia comenzó a llamar cada vez más atención. La misma belleza que Arella había resentido durante su infancia ahora era percibida por otras personas como una oportunidad.

A los trece años, Trigon comenzó a involucrarla en campañas clandestinas de lencería.

Raven era demasiado joven para comprender completamente el mundo en el que estaba entrando. Solo sabía que adultos hablaban sobre su apariencia, sus fotografías y su capacidad para atraer clientes como si ella fuera un producto.
Para Trigon no importaba si Raven se sentía cómoda.
Importaba cuánto dinero podía generar.

Aquello produjo una transformación terrible en la manera en que Raven percibía su propia belleza. Durante años había pensado que ser hermosa era una maldición porque había sido una de las razones por las que su madre la rechazaba.

Ahora empezaba a comprender que otras personas podían utilizar exactamente aquello para obtener algo de ella.

Su cuerpo se había convertido en una mercancía antes de que Raven hubiera terminado de descubrir quién era.

Pero hubo algo que logró escapar de las manos de Trigon.

El movimiento.

El pole dance llegó a su vida como una disciplina física y terminó convirtiéndose en algo mucho más profundo. Sobre la barra, Raven podía controlar su cuerpo de una manera que no había podido controlar prácticamente ninguna otra parte de su vida.

Podía decidir cuándo subir.

Cuándo girar.

Cuándo detenerse.

Cuánto mostrar.

Cuánto guardar.

Nadie podía tocarla.

Nadie podía decidir por ella.

Nadie podía convertir aquel movimiento en algo que no quisiera que fuera.

El pole dance se convirtió en su lugar seguro.

Mientras entrenaba, Raven comenzó a descubrir que su cuerpo no tenía por qué ser una mercancía. Podía ser fuerza. Podía ser equilibrio. Podía ser disciplina. Podía ser arte.

Con el tiempo comenzó a competir y a trabajar profesionalmente.
Su carrera como modelo también creció, aunque esta vez bajo condiciones que ella podía controlar progresivamente. Raven empezó a aprender algo que jamás había tenido oportunidad de aprender durante su infancia: establecer límites.
No todos respetaban esos límites.
Pero ahora ella sabía que existían.

Paralelamente, su entrenamiento sobrenatural continuó. Su maestra perfeccionó su control sobre la empatía y la energía espiritual, mientras Raven comenzó a estudiar rituales con mayor profundidad.

Aprendió a utilizar su alma astral, a proyectar su conciencia y a canalizar sus poderes sin permitir que las emociones ajenas dominaran su mente.

También comenzó a entrenar físicamente.

Defensa personal.

Combate cuerpo a cuerpo.

Manejo de armas.

Disciplina corporal.

No buscaba convertirse en alguien violento.

Buscaba no volver a sentirse indefensa.

Cada técnica que aprendía tenía un significado emocional. La niña que alguna vez había esperado que alguien interviniera durante las agresiones escolares estaba comenzando a convertirse en una persona capaz de protegerse.

Pero ninguna habilidad podía protegerla de todas las pérdidas.

La muerte de Arella llegó como una herida diferente.
Su madre nunca había sido la mujer que Raven necesitaba. Había estado ausente, la había rechazado y había permitido que Raven creciera sintiéndose no deseada. Sin embargo, perderla no hizo desaparecer el deseo infantil de haber sido amada por ella.

La muerte no resolvió aquella relación.

La hizo permanente.

Raven tuvo que aprender a vivir con dos verdades simultáneas: Arella la había lastimado y, aun así, Raven había querido que su madre la quisiera.

Aquella contradicción permaneció dentro de ella durante mucho tiempo.

A los dieciocho años, Raven conoció a alguien que parecía comprenderla.

Era de su edad.

La escuchaba.

Le prestaba atención.

Le decía que era hermosa.

Le hacía sentir importante.

Para alguien que había pasado gran parte de su vida sintiéndose invisible, aquello parecía amor.
Y Raven necesitaba desesperadamente creer que lo era.
La relación comenzó lentamente a transformarse.

La atención se convirtió en control.
El cariño comenzó a mezclarse con celos.

Las palabras amables fueron reemplazadas por insultos.

Los límites comenzaron a ser cuestionados.

La violencia física apareció.

Y la violencia sexual dentro de la relación terminó agravando una herida mucho más antigua: la creencia de que entregar su cuerpo era una manera de demostrar amor.

Raven había pasado años siendo observada, fotografiada y valorada por su apariencia. Había aprendido que la belleza conseguía atención. Ahora estaba aprendiendo que alguien podía aprovechar aquella necesidad para hacerla sentir obligada a permanecer.

Durante mucho tiempo confundió posesión con afecto.

No porque fuera ingenua.
Sino porque nadie le había enseñado correctamente cómo debía sentirse una relación sana.

¿Cómo podía reconocer el amor alguien que había crecido rodeada de abandono?

¿Cómo podía distinguir cariño de control alguien que había aprendido desde niña que la atención era algo que debía ganarse?

Aquella relación terminó dejando heridas que no podían verse fácilmente.

Raven se volvió más desconfiada.

Le costaba aceptar afecto sin preguntarse qué esperaba la otra persona a cambio.

Le costaba establecer límites sin sentir culpa.

Y, algunas veces, confundía la tranquilidad con vacío porque había aprendido a asociar la intensidad con el amor.

Fue entonces cuando decidió estudiar psicología.
No porque creyera que podía analizarse a sí misma hasta desaparecer sus problemas, sino porque necesitaba comprenderlos.

Quería comprender el abandono.

El trauma.

La dependencia emocional.

Los mecanismos de defensa.

La manipulación.

La manera en que las experiencias infantiles podían influir en las relaciones adultas.

Y, sobre todo, quería comprenderse.

La universidad se convirtió en otra parte de su reconstrucción.
Mientras estudiaba, Raven continuó con su carrera como modelo y llevó el pole dance a un nivel profesional. El escenario dejó de representar exposición y comenzó a representar elección.

La diferencia era enorme.
Cuando era niña, otras personas habían decidido qué hacer con su imagen.

Ahora ella decidía.

Cuando era adolescente, otros habían intentado convertir su cuerpo en una fuente de dinero.
Ahora ella utilizaba su cuerpo bajo sus propios términos.

Cuando alguien intentaba cruzar un límite, Raven podía decir que no.

Y estaba aprendiendo a entender que un "no" no necesitaba una explicación.

Sus poderes también evolucionaron.

La empatía dejó de ser solamente una carga.

Raven aprendió a percibir emociones sin absorberlas completamente. Aprendió a utilizar su energía espiritual con precisión. Su alma astral se convirtió en una extensión de su voluntad. La magia dejó de ser un conjunto de rituales que practicaba por miedo y comenzó a convertirse en una disciplina que dominaba por decisión propia.

Y, aun así, Trigon continuaba presente.

No siempre físicamente.
A veces bastaba con una emoción demasiado intensa.

Una pesadilla.

Un momento de ira.

Una sensación de pérdida.

La voz de aquella herencia demoníaca parecía recordarle que seguía ahí.

Pero Raven ya no reaccionaba de la misma manera.
Antes tenía miedo de convertirse en Trigon.
Ahora sabía que ser su hija no significaba pertenecerle.

Aquello era quizá lo más importante que había aprendido.

Su sangre podía venir de él.
Su poder podía tener raíces en él.

Pero sus decisiones eran suyas.
A los veinte años, Raven lleva una vida que desde afuera puede parecer imposible de conciliar. Es una estudiante universitaria de psicología, una modelo reconocida y una bailarina profesional de pole dance. Continúa entrenando combate y defensa personal, estudia magia y rituales y sigue perfeccionando unas habilidades sobrenaturales que todavía no comprende por completo.

Pero detrás de todo eso existe una persona que continúa aprendiendo.
Raven todavía puede tener miedo.
Todavía puede desconfiar.

Todavía puede sentirse incómoda cuando alguien se acerca demasiado rápido.

Todavía puede experimentar momentos en los que una parte de ella desea encerrarse y no sentir nada.

La diferencia es que ahora reconoce esas emociones.

Ya no necesita castigarse por tenerlas.

Ya no necesita fingir que no existen.
Durante años pensó que sobrevivir significaba dejar de sentir.

Después creyó que sobrevivir significaba aprender a defenderse.
Más tarde pensó que significaba convertirse en alguien demasiado fuerte para volver a ser herida.
Con el tiempo comprendió que ninguna de esas cosas era suficiente.
Sobrevivir también significaba permitirse sentir sin perderse en aquello que sentía. Significaba aprender a establecer límites sin sentirse culpable. Significaba aceptar cariño sin asumir automáticamente que detrás de él existía una deuda. Significaba poder marcharse de una relación sin creer que abandonar a alguien era lo mismo que fracasar.
Y, sobre todo, significaba poder mirarse al espejo sin preguntarse qué querían los demás de ella.

Durante años, Raven creyó que su belleza era una maldición.

Ahora sabe que no lo es.

Su cuerpo no es una propiedad.

Sus emociones no son una debilidad.

Su sensibilidad no la hace inferior.

Su pasado no la convierte en alguien roto.

Y su sangre demoníaca no determina su destino.

Trigon pudo darle parte de su poder.
Arella pudo dejarle heridas.

Azarath pudo darle conocimiento.

Su maestra pudo enseñarle control.

La violencia pudo enseñarle a defenderse.

El pole dance pudo devolverle libertad.

La psicología pudo darle palabras para comprenderse.

Pero ninguno de ellos pudo decidir quién sería al final.

Eso lo decidió Raven.
Rachel Roth

La hija de un demonio.

La niña que alguna vez creyó que nacer era un pecado.

La adolescente que aprendió demasiado pronto que el mundo podía convertir una belleza en mercancía.

La joven que confundió atención con amor.

La mujer que tuvo que aprender a recuperar su propio cuerpo, su propia voz y sus propios límites.

Y ahora, por primera vez, alguien que ya no necesita que otra persona le diga quién es.

Porque después de toda una vida intentando encontrar un hogar en otras personas, Raven finalmente descubrió que el primer lugar en el que tenía derecho a sentirse segura siempre había sido dentro de ella misma.

▪︎ Gustos:

— Leer: es una persona introspectiva y curiosa. La lectura le permite aprender sin tener que depende de otras personas; esto para no perder sus recuerdos.

Géneros de lectura que le gustan: Fantasía oscura, filosofía, psicología, ocultismo, mitología, literatura clásica y poemas.

— Magia y artes míticas: se ha dedicado a comprender y controlar sus poderes y herencias. Para ella, la magia no es solamente algo "interesante": es una parte fundamental de entender quién es.

— Herbolaria: lo utiliza para sus prácticas espirituales, rituales y para estudiar sus propiedades; tiene pequeñas plantas medicinales y aromáticas en su habitación.

— Meditación: le sirve para mantener la calma, controlar sus emociones y evitar que sus poderes se vean afectados por ellas; ha entrenado para controlar y dominar sus emociones. La meditación podría ser casi una necesidad diaria.

— Estética alternativa/gótica: sus prendas favoritas tienen que ver con este tipo de gustos, se caracteriza en su tiempo libre/descanso por su predominante de ropa negra, usa botas largas, maquillaje oscuro, accesorios plateados, encaje, gargantillas y prendas overcize.

— Escuchar música: era parte de su identidad antes de perder la memoria. Sus gustos en género son: rock, metal suave, música clásica y boleros.

— Cocinar: a pesar de haber perdido la memoria, conserva su capacidad para cocinar e incluso la receta de pasta que le llegó a enseñar su madre; su actividad favorita porque es silenciosa, precisa y controlada.

— Ajedrez: Rae valora el control, la paciencia y la observación, el ajedrez puede resultar satisfactorio porque no depende de la fuerza, sino de entender al oponente y pensar varios pasos por delante.

— Poledance: se convirtió en un espacio donde puede olvidarse de las expectativas de los demás y expresarse sin miedo a ser juzgada. Un lugar donde recupera el control sobre su propio cuerpo y se siente cómoda siendo ella misma.

— Organización: le proporciona una sensación de orden, control y tranquilidad. Tener cada cosa en su lugar y saber qué va a ocurrir le permite reducir incertidumbre y concentrarme mejor. Cuando todo tiene un lugar y un propósito, siente que las cosas son un poco más fáciles de controlar.

— Inteligencia: podría decirse que no le gusta la inteligencia, pero sí "admira la inteligencia y la capacidad se razonamiento". Para ella una persona inteligente le hace sentir atraída porque son capaces de mantener conversaciones profundas, resolver problemas y pensar por sí mismas.

— Soledad: no necesariamente "ama estar sola"; suele necesitarla. La soledad le permite descansar de las emociones ajenas, meditar, estudiar y recuperar el control. Pero eso no significa que no quiera compañía: cuando deja entrar a alguien en su círculo, puede ser extremadamente leal.

▪︎ Disgustos:

— Ruido excesivo: los gritos, la música demasiado alta y discusiones pueden saturarala rápidamente.

— Inmadurez: puede frustrarse cuando los demás convierten una situación personal en un juego o una broma; se deriva a un trauma ocasionado por sus progenitores.

— Invadan su privacidad: no le gusta que entren a su habitación, revisen sus cosas ointemten descubrir aspectos personales que ella no quiere compartir.

— Obliguen a mostrar sus emociones: puede sentir emociones muy intensamente, pero no necesariamente quiere exteriorizarlas; puede irritable fácilmente.

—Superficialidad y materialismo: esto le hace recordar a una de sus figuras de autoridad, no tendría por qué valorar a una persona únicamente por su riqueza, apariencia o estatus.

— No respetar sus límites: alguien insistente que continuaba molestándola después de que ella ha pedido espacio podría ser una de las formas más rápidas de hacer que pierda el interés muy pronto.

▪︎ Habilidades:

— Artes marciales y combate cuerpo a cuerpo. Ha recibido entrenamiento de combate y puede enfrentarse físicamente a enemigos incluso sin depender de sus poderes. Tiene una gran coordinación, equilibrio, flexibilidad y control corporal, algo que se refleja en su estilo de combate.

— Defensa y evasión. Es capaz de esquivar ataques, bloquearlos y utilizar movimientos defensivos durante enfrentamientos.

— Estrategia de combate. Puede analizar al enemigo y utilizar sus capacidades de forma táctica.

— Manejo de armas. Tiene una formación especifica como espadachina, tiradora o en armas de fuego.

— Uso de bastones/armas de combate. Posee un gran conocimiento de combate, utilizando principalmente técnicas defensivos, bloqueos, desarmes y movimientos destinados a mantener la distancia con sí adversario.

— Control emocional. Esto es particularmente importante para Rachel, sus emociones están estrechamente relacionadas con sus poderes. Su disciplina mental es parte fundamental de su entrenamiento.

▪︎ Poderes:

— Manipular emociones: puede percibir, sentir y manipular cada una de las emociones. No se limita a saber que alguien está triste o enojado; puede experimentar directamente las emociones ajenas y, en determinadas circunstancias influir sobre ellas.

Soulf-Self: Uno de sus poderes más distintivos en la capacidad de separar su alma de su cuerpo. Puede proyectar una manifestación de su alma, generalmente representada como una figura oscura semejante a la silueta de ella.

— Telepatía: Puede comunicarse mentalmente con otras personas y percibir información mental, aunque el alcance exacto y las puede utilizar para: Comunicarse sin hablar | Establecer vínculos mentales | Percibir pensamientos o estados mentales | Compartor información directa con otra persona | Detectar determinada perturbación mental o emocional

— Telequinesis: Puede mover, levantar, empujar o manipular objetos utilizando su mente o su energía sobrenatural.

— Manipulación de energía: Puede generar y manipular energía sobrenatural, normalmente representada por tonos oscuros. Esto puede utilizarlo para distintas maneras.

—Barreras y escudos de energía: A partir de su manipulación energética, Raven puede crear barreras de protección.

— Manipulación del alma: Puede percibir la esencia de alguien, interactuar con aspectos espirituales en determinadas circunstancias.

— Manipulación mental: Utiliza sus capacidades telepáticas para interferir con el estado mental de otra persona , influye: emociones, percepciones, estados mentales, recuerdos o experiencias internas.

— Magia y hechicería: Tiene conocimientos de artes místicas, hechicería y prácticas espirituales, especialmente por su crianza con Azarath. Puede utilizar estos conocimientos para: Realizar rituales | Utilizar hechizos | Invocar determinadas fuerzas | Protegerse | Contener energías | Comprender entidades sobrenaturales.

— Dones demoníacos: Posee un naturaleza sobrenatural por parte de su progenitor que puede manifestarse de distintas maneras: Fuerza | Resistencia | Energía sobrenatural.
Es por ello que teme a perder el control.

▪︎ Debilidades:

— Sus propias emociones. Cuando experimentar emociones extremadamente intensas —ira, miedo, tristeza, desesperación, culpa. — puede resultar le mucho más difícil mantener el control.

— La influencia de su padre Trigon. No es simplemente un enemigo cualquiera: su existencia está conectada directamente con ella. Su influencia puede representar una amenaza para: su autonomía | estabilidad emocional | identidad | control de sus poderes.
— Pérdida de control sobre su poder. Cuando libera demasiado de su energía sobrenatural, puede tener dificultades para controlarla. Esto puede provocar: ataques más destructivos | Alma-Sombra actúe de manera peligrosa.

— Sobrepensar las cosas. Puede analizar demasiado una conversación, una decisión o incluso una mirada de otra persona. A veces sabe qué hacer, pero piensa tanto en las consecuencias que termina retrasando la decisión.

— Le cuesta pedir ayuda. Tiene la tendencia a intentar resolver sus problemas sola desde su niñez. No necesariamente porque crea que los demás son inútiles, sino porque está acostumbrada a depender de sí misma.

— Baja autoestima. Aunque parezca segura, puede compararse con otras personas o preguntarse si realmente es suficiente.

— Perfeccionismo. Cuando aprende algo —cocina, estudios, baile, entrenamiento, incluso en sus ocupaciones laborales.— puede frustrarse si no consigue hacerlo como esperaba.

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