Diva Morningstar añadido nuevas fotos a Rosie Bloom
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#rosalinebloom

Rosaline, aún temblorosa, sopesó la idea de regresar los pasaportes a dónde los había encontrado. Sin embargo, quería dejar una clara señal del por qué ella no regresaría al terminar su turno. Tres pasaportes entreabiertos, dejando ver su foto y su nombre, los demás, decorados casi como portavasos en torno a los abiertos.

Sin dudarlo, agradecía siempre traer una bolsa amplia cada vez que salía de casa, así podría tomar las pocas cosas que tenía en el departamento de June y salir sin tanto revuelo. Perfume, llaves, cepillo, hasta el último cabello en la almohada. Parecía pulular por la habitación esperando no olvidar nada. Incluso acomodó la cama para hacer ver qué solo había dormido una persona ahí.

Le dolía en el alma pero... Si era lo que él quería, así sería. Casi sin pensar se colocó su traje de vuelta, recordando como Neal, a obra del destino, siempre lleva de diseñador, a diferencia que ella los compraba en rebajas una vez al año. Su carisma es arrasador, enaltecido por las decoraciones que le agregaba.

No tenía corazón para voltear atrás una vez que dio un paso fuera de la habitación y se encaminó al primer piso. June tomaba una taza de café con su nieta y el pug que siempre la acompañaba.

— Rosie, buenos días, ¿Te vas ya?— se giro un poco al ver qué se escabullía hacia la entrada. Ella asintió.

— Sí, es hora de comenzar el día. Espero desayunen rico— dio un breve saludo a ambas.

— Puedes desayunar con nosotras si gustas. Neal no debe tardar, dijo que traería panecillos de ese restaurante griego que tanto nos gusta— la voz de la mayor era compasiva. Alegó que después iría a la peluquería junto a su nieta, por si gustaba pasar después con ellas.

Rosie haciendo un pequeño gesto, que pasaba más como una mueca, se negó.— Gracias, es muy amable, pero las ocupaciones me llaman esta vez. Sin duda, en otra ocasión, sería un placer. Aún debo dejar unas cosas y ponerme en marcha.

— Lleva algo para el camino, Ros— la adolescente se levantó con una pequeña charolita ofreciendo algo de azúcar y una taza extra. Ambas sabían que, siempre que Caffrey desaparecía, Rosie no dudaba en unirseles. Ella dudó.

— Son muy amables... Tomaré quizá un terrón de azúcar...— mencionó al aire, pero June las freno en seco. Siendo viuda de un gran estafador, no podía ser embaucada tan fácilmente.

— Jueves a las 3, ¿Te parece?— murmuró levantándose para abrazar a Rosie— te prepararé algo lindo... No dejes que las cosas te sobrepasen.

— June...— sus abrazos cada vez en más reconfortantes. Tal vez era el momento.

— Lo conoces bien— le dijo al estar tan cerca de ella— sabemos en donde nos metemos. Lo aceptamos por completo o... Si se te hace mejor, dejarlo ir. El compromiso es muy grande, tanto como tu bondad.

Rosie le devolvió el abrazo suspirando pesadamente— No hay ningún compromiso, no aún. No mientras su libertad siga en juego y quizá ni así lo sea.

— Siempre nos incluye de alguna forma, aún más si es alejándonos para protegernos.

— Le salvé el pellejo... Lo sigo haciendo y prometió la verdad por completo, no medias tintas. Puedo excusarlo pero no hoy, no sabiendo lo que puede depararnos. El Fbi aún lo observa.

— Por eso seguías aquí... Te irá muy bien, pero más bien me hará verte. Ve con cuidado, linda y salúdame al otro agente.

La despedida no se extendió más allá de eso. Para cuando ella pudo recordar, ya iba en su automóvil conduciendo de regreso a su departamento. Parecía no haber estado ahí en semanas.

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