─── No te detengas a buscar una salida por las ventanas ni a calcular cuánto tardarás en llegar a la estación de policía más cercana. Ambas opciones son una pérdida de tiempo, y lo sabes tan bien como yo. Desde la noche en que te encontré tu vida y la mía cambiaron por completo.
Yo no te estoy pidiendo permiso, Lexi. Te estoy ofreciendo el único escudo real que existe en este maldito lugar.
El pacto es claro: a partir de esta noche, tu seguridad es absoluta, pero tu lealtad me pertenece de forma exclusiva. Nadie te tocará un solo cabello mientras tu nombre esté atado al mío; las deudas que te acechan pasarán a ser mías, y cualquier enemigo que se atreva a mirarte dos veces desaparecerá antes del amanecer. Pero a cambio, vas a aceptar que tu lugar está aquí, bajo mi protección ineludible, quieras admitirlo o no, y si no te ha quedado claro vuelvo a confirmar.
“Lexi tu eres mía”.
Lexi
No estás enterado, pero algún día estaremos lado a lado, protegiéndonos mutuamente. Confío en que eres capaz de hacerlo todo, pero ¿no sería mucho más divertido apretar el gatillo juntos, como la primera vez?
No quiero que siempre tengas que ponerte delante de mí para recibir todos los golpes. También quiero poder cubrirte la espalda, ser alguien en quien puedas confiar, y que no tengas que preocuparte por dejarme atrás cuando las cosas se ponen difíciles, porque volveremos a vernos sin importar lo que cueste.
Alzó una mano para acariciarle el rostro.
— Ya te acostumbrarás. Este mundo tuyo, supongo que tendré que aprender a manejarlo. No seré una carga, seré el “no te recomiendo molestar a mi chica” para ti. Soy tuya, y tú eres mío. ¿Capisci?
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