Conducía a través de la noche, vistiendo su chaqueta de cuero negra y unos guantes bien ajustados. La visera de su casco reflejaba las luces de neón y los faros de los autos.
Para ella, la velocidad y el rugido de la moto eran otra forma de liberacion: un espacio donde nadie podía exigirle palabras.
Habia salido de su turno nocturno. Había sido un día tenso, cargado de burocracia y estupideces. Con la mente ligeramente harta, aceleró al ver la luz verde del semáforo en una intersección.
Fue cuestión de un segundo.
Un camión de reparto, a exceso de velocidad y con los frenos desgastados sobre la calle mojada, ignoró por completo la señal de alto.
Los faros amarillos del vehículo iluminaron de golpe el costado. Sus reflejos reaccionaron al instante. Apretó el freno delantero y giró el manubrio para intentar esquivar el impacto directo, pero el suelo mojado le traicionó.
La motocicleta derrapó de lado con un chirrido. El parachoques del camión golpeó la parte trasera de la moto, enviando a Shiki a volar.
El tiempo pareció ir en camara lenta. Encogió los hombros y protegió su cuello, preparando el cuerpo para el impacto.
El golpe contra el pavimento fue brutal.
Rebotó contra el asfalto, rodando varias veces mientras el casco contra la cuneta resonaba dentro de sus oídos. La motocicleta se arrastró metros más adelante en una lluvia de chispas hasta chocar contra un poste.
Cuando finalmente el movimiento acabo, el silencio de la calle cayó.
Yacía de costado sobre el agua de la calle. Un dolor agudo y punzante le atravesó el hombro, quitandole el aire de los pulmones. Intentó apoyar las manos para levantarse, pero un mareo violento la obligó a quedarse pegada al suelo.
A lo lejos, escuchó el sonido de la puerta del camión abrirse y los pasos apresurados del chofer gritando por ayuda.
En la oscuridad, con el casco agrietado y la lluvia empapándole la ropa, el dolor físico comenzó a ceder espacio a una punzada mucho más profunda en su pecho: el miedo.
Apretó los dientes con rabia, tragándose un gemido de dolor mientras la sirena de una ambulancia comenzaba a sonar en la distancia. Con los dedos ensangrentados, Se aferró al borde de su chaqueta de cuero, negándose a perder el conocimiento mientras la lluvia lavaba la sangre fresca que brotaba.
Aly
Esa que solo sentía cuando sabía que algo malo iba a pasar, aunque el doc siempre le dijera que no era más que ansiedad.
Le incomodaba la sensación de que Shiki no le hubiese llamado o enviado mensaje todavía. Usualmente le avisaba cuando salía del turno en caso de pasar a su departamento o si debía quedarse más tiempo. Y era extraño, sus mensajes siempre eran respondidos incluso cuando solo eran emojis. Era su dinámica para saber que la otra se encontraba bien.
Después de pensarlo un rato, encendió la PC adicional y buscó el localizador GPS. El punto rojo que indicaba dónde se encontraba la japonesa parpadeaba justo afuera de la estación. Después avanzó. Y bastó solo un instante, un parpadeo para que la luz parpadease y después dejase de enviarle información.
— Blyat!
Masculló. En el instante en el que la recepción dejó de funcionar y rápidamente intentó enlazar la llamada con la agente. Pero no había tono. Volvió a insistir al mismo tiempo que su computador se conectaba con la señal de emergencias y de la oficina policial. El reporte entró casi de inmediato, la ubicación, los rasgos.
— ¡Puta madre, Shiki!
Se levantó de su silla y fue cuestión de segundos para que se calzara el leggin y las botas antes de tomar su mochila y las llaves del Jeep.
Atravesó el departamento en segundos, suerte que no se cayó como era habitual al correr. No debía fallar ahora. Ni siquiera espero el ascensor, bajó las escaleras hasta el estacionamiento y apenas el vehículo encendió, aceleró para salir al hospital.
Condujo a prisa. Sin respetar las señales de tránsito pero asegurándose de no ocasionar un accidente. Casi pudo jurar que alcanzaba la ambulancia.
Al llegar al hospital bajó corriendo del Jeep que casi lo deja abierto, pero se detuvo a relajarse un poco, una de las dos tenían que estar en calma.
Al entrar, se acercó a recepción y rápidamente preguntó por la chica.
— Estoy buscando a Shiki Akagi, acaba de ser trasladada aquí. Necesito saber cómo se encuentra.
Dijo, presurosa. Con la lengua casi atorada en cada palabra. Un segundo más de presión a sí misma y terminaría hablando en ruso.
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