Los días habían transcurrido con relativa normalidad desde aquel sueño en el que Erison había imaginado una vida completa junto a Zoe.
Una casa.
Un hogar.
Una vida lejos del ruido de la ciudad.
Desde entonces, la idea de pedirle que se fuera a vivir con él al rancho no había dejado de rondar por su cabeza.
Los documentos ya estaban en orden. La propiedad de su padre finalmente estaba bajo su responsabilidad: una vieja casa de gran tamaño, rodeada por incontables hectáreas de terreno que todavía necesitaban mucho trabajo.
Pero antes de pensar en mudanzas, reparaciones o planes demasiado grandes, había algo más importante que debía resolver.
Zoe.
La había invitado a una cafetería con la excusa de pasar un rato juntos. En realidad, quería hablarle sobre el futuro y sobre aquella idea que llevaba días guardándose.
Mientras caminaba hacia el lugar acordado, al doblar una esquina, su mirada se detuvo en un pequeño puesto de flores.
Erison redujo el paso.
—(Un paso a la vez, ¿no crees, niño?)
La voz de Azroth resonó en su mente con una calma poco habitual.
Erison sonrió ligeramente.
—Sí... quizá tengas razón.
—(Solo repasa el guión y todo estará bien)
Compró un ramo y continuó su camino.
No tardó demasiado en verla.
Zoe estaba frente a la cafetería, observando distraídamente el menú del día a través del cristal.
Erison se quedó quieto unos segundos.
Había algo en ella que siempre conseguía hacerle olvidar lo que pensaba decir.
Su cabello rojizo resaltaba bajo la luz de la tarde y, para él, verla allí resultaba tan familiar como contemplar el sol aparecer cada mañana.
Tan sencilla.
Tan hermosa.
Tan ella.
Erison se acercó por detrás y rodeó suavemente su cintura con uno de sus brazos.
—Hola, linda.
Esperó a que Zoe volviera el rostro hacia él antes de mostrarle las flores.
—Sé que te invité por un café...
Hizo una pequeña pausa.
Por alguna razón, las palabras que había repetido tantas veces en su cabeza durante el camino comenzaban a parecer mucho más difíciles ahora que la tenía enfrente, incluso parecian desvanecerse en su mente.
Sintió un ligero aumento de temperatura recorrer su cuerpo.
El fuego de Azroth reaccionaba con él.
—Tranquilo —murmuró Erison casi para sí mismo.
—(Yo no estoy haciendo nada, es más ahora parece que el que emana fuego eres tú...)
Aquella respuesta consiguió sacarle una pequeña sonrisa.
Entonces volvió a mirar a Zoe.
—Llevamos bastante tiempo así... juntos, pero sin terminar de darle un nombre a lo que somos.
Su expresión se volvió más seria.
—Ya conozco tus abrazos, tus besos, tus caricias y la forma en que tus manos recorren mi piel se siente tan familiar que a veces parece que siempre hubieran pertenecido ahí, a mí.
Se acercó un poco más.
—Pero ya no quiero ser solamente tu amante.
La temperatura de su cuerpo aumentó nuevamente. Un leve tono rojizo apareció sobre su piel mientras intentaba mantener la compostura.
—Quiero ser víctima de tu amor.
(—Bueno, eso sono mejor que el guión)
Dijo Azroth en su cabeza mientras lentamente juntaba una de sus manos con la de la jóven.
Sus ojos permanecieron clavados en los de ella.
—Quiero estar contigo hoy, mañana y todo el tiempo que podamos compartir.
Le ofreció finalmente el ramo de flores.
—Quiero que seas mi novia, Zoe.
Durante unos segundos, Azroth permaneció sorprendentemente callado.
Hasta que su voz volvió a aparecer dentro de su cabeza.
—(Nada mal, Romeo...)
Erison apretó ligeramente los labios para evitar reírse.
—(Ahora solo falta que acepte.)
Otra pequeña pausa.
—(Y después puedes intentar convencerla de irse contigo al rancho, ya después verás como la preñas...)
Erison cerró los ojos durante un instante.
—Azroth...
—(¿Qué? Dije un paso a la vez.)
Alessandro Moretti
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Zoé Najwa Nimri
Quiero decir, estaba feliz. Definitivamente, era algo que esperaba, pero jamás imaginó que sucedería en ese preciso momento.
Al cabo de unos segundos, levantó la vista y le regaló una sonrisa a Erison. Sin pensárselo demasiado, llevó las manos detrás de la espalda y comenzó a balancearse de un lado a otro, con la actitud juguetona de una niña incapaz de disimular su alegría.
—Se nota que no haces esto muy a menudo, ¿eh? Pero nada mal. Siempre eres buenísimo con las palabras. Quiero decir, siempre sabes qué decir y cómo hacerme sentir de esa forma en la que...
Se calló de golpe. Confundida, se dio cuenta de que estaba desviándose por completo del tema principal. Frunció el ceño, como si necesitara recordarse a sí misma lo que realmente quería decir, y finalmente decidió que las palabras sobraban.
Se puso de puntitas y se acercó rápidamente a los labios de Erison, depositando en ellos un beso breve, pero tan dulce y empalagoso como solo ella podía dar. Sin separarse del todo, dejó pequeñas mordiditas juguetonas en sus labios y enredó los dedos entre su cabello, alargando aquel instante un poquito más.
Cuando finalmente se apartó, una sonrisa inmensa iluminaba su rostro.
—Qué bueno que quieres que lo sea, porque yo también quiero ser tu novia.
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