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( Passato ) ' Ricordi 💬 ִֶָ
Parte 1
Cuando la castaña cerraba los ojos, aún podía recordar ese momento, las risas, la brisa y sobre todo; el tono de su voz.
La última vez que lo había visto, había sido en Estados Unidos, territorio propio, calles que conocía y lugares a los que había ido una y mil veces, llegando a memorizar cada parte de su ciudad, sin embargo ahora estaba completamente perdida en un territorio que a él pertenecía.
Con una pequeña sonrisa que solo se reflejaba en la comisura de sus labios dejó caer sus maletas, llevando sus lentes oscuros hacia la parte superior de su cabeza antes de decir:
— Mira tu cabello, ha crecido mucho. — a la par que abría sus brazos para recibir al muchacho que eufórico ya venía hacia ella, el cual tras tomarla de su cintura la llevaba en el aire dando una vuelta.
— Y con lo caluroso que está el verano, ya te necesitaba aquí. — contestó con su característica voz ronca y un dejo de burla la cual aludía al doble sentido, que acompañaba una sonrisa de oreja a oreja.
Jamás habían llegado a ser nada, si alguien a su alrededor los veía, apostarían todo a que seguía un beso, pero ellos eran más que eso, sus miradas, sus sonrisas, sus toques y sus jugueteos, quizá esa era la única razón por la que jamás habían podido existir, por qué era mucho incluso para ambos.
Tras dejar que ayudara con las maletas, la ojiazul lo siguió a su auto, un modelo clásico en color amarillo esperaba en la entrada y mientras reían y compartían varios pensamientos al aire, Faye pensó que hubiera sido de su vida si esto es lo que hubiera escogido, estaba tan encerrada en su burbuja hasta que una vez en el auto el castaño habló:
— Como llegaste un día antes, hice unos planes, ¿me disculpas si te dejo respirar solo por hoy? — mencionó con gracia mientras sacaba su teléfono celular.
Escurridiza y rápida fue la joven al tirar el celular y desbloquearlo, para encontrarse con los mensajes, todo era de manera inocente, riendo a más no poder mientras este trataba de arrancárselo observó levemente la foto de una mujer y lo desesperada que estaba por estar con él.
— YA YA — gritó riendo antes de devolvérselo sin embargo no salió ilesa pues antes de que el más alto se lo quitara, dejó una mordida en su hombro.
— Vete con tu chica, yo me quedaré aquí un tiempo, ya podrás verme. — sonrió dulce, porque en parte eso y el anillo que aún cargaba en su dedo aunque no ya no debía, eran exactamente las razones por las cuales jamás habrían funcionado.
Ambos eran piezas que encajaban perfectamente, pero les gustaba jugar a que no, buscar otros lugares, otros rompecabezas e incluso otras maneras de jugar, tantos años habían pasado y ellos siempre terminaban en el mismo lugar.
— Iré al mar y luego a cenar, por si no me encuentras. — dijo mientras este dejaba las maletas en la entrada de la pequeña residencia que las próximas semanas, sería el hogar de ambos.
— Ahora no quiero irme. — susurró tomándola de la cintura, de aquella manera que hacía que su corazón se acelerara y perdiera la noción del tiempo.
El cosquilleo en todo su cuerpo aparecía mientras el aroma del contrario la invadía por la forma en la que este la acercaba, pasando sus brazos por su cuello lo acercó para dejar un beso en la comisura de sus labios.
— Estaré aquí cuando regreses. — susurró mirándolo a los ojos antes de voltearse y entrar.
Como siempre, aquel momento tan íntimo quedaba desapercibido. Ya que ahora Manuele caminaba medio vestido por toda la casa, buscando su ropa y sus llaves y todo para terminar de estar listo, mientras que Faye se alistaba para ir a la playa.
Un pequeño traje de baño y encima un vestido, escuchaba las olas y sentía la brisa marina mientras daba vueltas en lo que sería su habitación, escuchando un poco de música escuchaba al italiano maldecir por todos lados y soltaba pequeñas risas, porque lo había visto hacer lo mismo, miles de veces en Los Ángeles.
Tomando un bolso y acomodando todo a un lado de su toalla se acercó al contrario y le extendió un bloqueador solar, una vez que lo tomó le acomodó la camisa simulando que la planchaba un poco para eliminar las arrugas y se volteo, quitándose el vestido tejido frente a él pidió:
— Ayúdame con eso, no llego. — dijo sonriendo divertida mientras se volteaba.
Sintiendo como antes de poner el bloqueador la nariz del hombre rozaba su espalda y subía por sus hombros hasta su cuello dónde dejaba un beso.
— De verdad no tengo que ir... — dijo, pero luego de escuchó la tapa del recipiente y sintió un escalofrío recorrerla por la frescura de la crema en su piel.
— Se te hace tarde, dijo que te esperaba en 4 a las 2 y ya son 3:30 — respondió burlona, pero había alguna clase de juego que solo ellos dos podían jugar y en parte era eso lo que siempre los hacía volver, al menos hasta ahora, así que volteando, se apegó un poco a él y dejó un beso casto en sus labios. — Estás guapísimo, seguro que la va a pasar bien
Con un suspiro de resignación y una sonrisa algo divertida tomó su chaqueta. — Solo iré a comer no sé de qué hablas.
Tras una risa se despidió y levantó la mano de la contraria para dejar un beso, sin embargo se quedó observando el anillo en su dedo anular, aquel que aún después de un divorcio muy conflictivo, solía llevar,
Mirándola sorprendido ni siquiera tuvo que preguntar, solo escuchó:
— Es la costumbre, pero creo que hoy me desharé de él, ¿celoso? — contestó divertida aunque el tema aún le calaba un poco.
— Ciao — lo escuchó decir, antes de salir así que la castaña volvió a lo suyo, tomando sus cosas salió a la playa, caminando un poco y pasando por algunas casas, la vista era perfecta y el lugar era realmente hermoso.
Acomodando todo se sentó a ver el mar, había pasado sus últimos años arrepintiéndose de sus decisiones pero al final de todo, eran las que la habían llevado a estar justo ahí, viendo el mejor atardecer de su vida.

