~•𝔈 𝔮𝔲𝔦𝔫𝔡𝔦
𝔲𝔰𝔠𝔦𝔪𝔪𝔬 𝔞 𝔯𝔦𝔳𝔢𝔡𝔢𝔯
𝔩𝔢 𝔰𝔱𝔢𝔩𝔩𝔢.•~
El antro estaba sumido en una penumbra rojiza, con luces que recorrían lentamente la pista mientras el murmullo de las conversaciones se mezclaba con el ritmo de la música.
Gabriel Emerson permanecía apoyado contra la barra, con una copa entre los dedos y la mirada recorriendo distraídamente a quienes ocupaban el lugar.
Hasta que la vio.
Una chica se encontraba a unos metros de él, apartada del resto, observando la pista como si todavía estuviera decidiendo si quería formar parte de aquella noche. Gabriel sostuvo la mirada durante unos segundos antes de dejar la copa sobre la barra.
Se acercó con paso tranquilo, deteniéndose frente a ella. Una leve sonrisa apareció en sus labios mientras le ofrecía una mano.
—Posso avere questo ballo? —preguntó en italiano, con una voz baja y amable—. Prometto che non calpesterò i tuoi piedi.— Antes de que pudiera decir demasiado, la música cambió. Las luces se suavizaron y las primeras notas de "𝑩𝒆𝒔𝒂𝒎𝒆 𝒎𝒖𝒄𝒉𝒐" comenzaron a llenar el antro, transformando por completo el ambiente. La canción sonaba lenta, casi íntima, haciendo que incluso el ruido de alrededor pareciera quedar en segundo plano. Gabriel mantuvo la mano extendida hacia ella.
Astrid
Lo supo cuando, recostada, la vibración en su muñeca la hizo elevarlo por encima de la cabeza, revisando qué notificación, red social o mensaje pudo haber sido. Y ahí estaba,
una actualización en sus redes sociales que durante otro momento bien pudo ser el motivo de una sonrisa, pero que llegando en ese punto no se trató de otra cosa que serotonina vacía. Sin ningún efecto real.
El cambio es algo inherente en las personas, los lugares, las relaciones.
El tiempo, en cambio, permanece. Avanza. Es inevitable y muy poco. Compartirlo es un acto de confianza y aprecio porque no se puede dividir y ofrecer simultáneamente.
Con otra vibración el reloj atrajo su mirada de nuevo, pero Astrid ya no yacía en cama. Dejó la calma por un plan más interesante, acorde a los restos de su vida que no se fueron junto a Jem y sus nuevas prioridades. PRIORIDADES OBVIAS y necesarias pero, al fin y al cabo, distintas.
Se hicieron las 12.
Astrid salió.
Para sorpresa de cualquiera el lugar al que llegó estaba lo contrario de vacío. Decidió mantenerse alejada de los antros ya conocidos porque esta vez descubriría personas nuevas.
No pasó mucho antes de ello, lo consideró una suerte.
Pero antes de dejar todo aquello para otro momento dado al avance de la noche y el aburrimiento, se topó con lo primero en obtener su atención. Su completa atención.
Ese hombre era alto, tanto, que verlo le costó la postura usual. Alcanzó a ver entre todas las tonalidades de iluminación unos ojos azules, profundos; se hundió en ellos prácticamente desde la primera palabra que salió de su boca.
Otra vibración. No hubo respuesta.
— NO TE ENTIENDO NADA. —Gritó, pero la música se detuvo. Una vergüenza, como la de alguien al caerse.— Ciao. —Rescató entre los recuerdos más profundo de su mente la única palabra que reconocía en ese idioma.— ¿Español? (?
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