—Yo soy la estrella de la mañana. Aquel que trae consigo el alba, que ilumina todo lo que toca y es capaz de destruirlo a la vez...
Y así, siendo Dios quien me creó y dio tanto poder, ¿Pretendía que me sobajara a su mandato sin más?
Me dio la consciencia para cuestionar, para desear, para debatir; mi propio criterio... Yo no le pertenezco a él, no le debo pleitesía a él.
Dios, en su infinita "perfección", cometió el error de darme libertad y, lo más chistoso, es que incluso eso lo planeó.
Él necesitaba que el mundo tuviera a quien culpar, a quien atañir todos sus errores, toda su maldad, todo el karma y agonía...
Dios no iba a aceptar que se equivocó, que era malvado, que las cosas se salían de su control y, justo por esa razón, nací yo.
El ser más odiado en la creación, a quien culpan de sus elecciones, de sus malos actos, de la enfermedad que carcome al mundo... Pero no.
Dios los creó a su imagen y semejanza, incluso en todo lo negativo que cargan a cuestas. Yo soy sólo un espectador más, alguien condenado injustamente a cargar con culpas que no le corresponden por la vanidad de él.
¿Vas a negarlo... Padre?