Inhala, exhala.
Inhala, exhala.

El mantra repetitivo sonaba en su cabeza, agradecido ciertamente de no mendigar en las calles o utilizar su vida como un peón en las mazmorras.

Vestimenta, un techo, comida decente, paga todavía más decente y lo único que debe hacer es cuidar que el señorito Cecil Lancaster no se autodestruya en el proceso: fácil.

— Su desayuno está listo. — Medio sus palabras, una educación impecable, con ayuda de los mayordomos más sabios su hábil táctica de aprendizaje mejoro de 0 a 9, pasando de nada a ser una piedra angular.

— He dejado la nueva muda de ropa en la repisa, recuerde asearse que hoy tiene que cumplir con su deber. — Remarcó, cosas de la monarquía, diálogo entre otros nobles (honestamente le pudria todos tenían cara de babosos) pero era su escolta, su mayordomo personal y los gajes de oficio era obedecer incluso si sus manos han de mancharse de sangre de vez en cuando.

"Pero que esté mocoso no se piensa levantar..."

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