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旗は —— CARTA A HOGWARTS.

© '𝑅𝑜𝑚𝑝𝑒 𝑙𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑦 𝑠𝑖𝑔𝑢𝑒 𝑎𝑑𝑒𝑙𝑎𝑛𝑡𝑒'

Toda historia comienza por la unión de dos personas y Christopher no es la excepción... Dieciséis años atrás, en Italia, se conocieron Alessandro De Santis y Kim Hae-rin, el, un mago nacido en Italia y ella una muggle nacida en Corea.

Ellos siempre juraron que fue amor a primera vista y vivieron todo su romance en las calles de Venecia. Risas, cenas y muchos paseos en barcas trajo consigo un romance lleno de alegría sus vidas.

Años después se casaron, cuando Hae-rin supo la verdad, Alessandro era un mago y en vez de asustarse ella se quedó allí, y no había magia capaz de cambiar el amor que sentía por el.

Varios 31 de octubre pasaron en Londres para esta pareja hasta que uno de aquellos otoños ellos trajo algo que cambiaría sus vidas para siempre. Un pequeño niño llegó al mundo, Christopher Alessandro De Santis, la prueba viviente del amor que había nacido años atrás entre las calles, los canales y las góndolas de Venecia.

Un niño nacido de dos mundos, el mundo mágico de su padre y el mundo muggle de su madre, sin saberlo todavía, Christopher estaba destinado a convertirse en el comienzo de una nueva historia.

Siempre supo de ambos mundos, cabía la posibilidad de que fuera muggle como su madre pero también de que fuera mago como su padre. Todo ocurrió como un pequeño error, Christopher estaba jugando con su juguete en el suelo cuando se asusto por algo que se cayó y con el llanto rompió un espejo.

Hae-rin llamó a su esposo y Alessandro lo supo enseguida, Christopher era un mago.
No necesitó demasiadas explicaciones, miro a su hijo en brazos de su madre, y el espejo roto sin nada que pudiera romperlo a su alrededor, una sonrisa comenzó a aparecer en su rostro

—Lo sabia...

Alessandro se acerca a ambos y toca la mejilla de Christopher que aún seguía llorando. Hae-rin lo miró con una mezcla de sorpresa y confusión

—¿Es magia?

Alessandro asintió, Christopher era demasiado pequeño para comprender lo que significaba ser mago pero aquel espejo roto era el primer paso que estaba dando en el mundo de la magia.

A los once años de Christopher, una mañana gris, el niño sintió como algo o alguien golpeaba la ventana de la cocina, Hae-rin se encontraba en otro lado del hogar y Alessandro en su estudio. La curiosidad se hizo más grande cuando sintió de nuevo el golpe, lo que hizo que Christopher colocara una silla cerca de la mesada y abriera al fin la ventana.

Una lechuza gris entró y tiró en manos de Christopher aquella carta de la cuál su padre le habló toda su vida. La tinta roja indicaba su nombre "Mr. Christopher Alessandro De Santis", una sonrisa apareció en su rostro y corrió hacia el living de la casa.

—¡Papá, mamá! ¡Al fin llegó!

Sintió como los pasos de sus padres llegaron hasta donde estaba el, ambos abrazaron a Christopher y abrieron el sobre, estaba tan nervioso pero a su vez tan feliz de poder tener aquel sobre en las manos. Leyó la primera linea y sus ojos se llenaron de lágrimas, su padre beso su frente.

—Fuiste aceptado

—¡Mi niño es un mago! ¿Es muy linda esa escuela?

—Es la mejor escuela donde puede ir nuestro hijo... La magia se heredó, vas a poder vivir y dar pasos donde yo fui de joven

Su padre estaba demasiado emocionado, no era de mostrarse de esa manera pero allí estaba, sin embargo su madre si bien estaba feliz, se notaba que no quería separarse de su hijo, jamás se habían separado.

El momento de ir al callejón Diagon, allí Hae-rin le regaló un cuervo al que ambos llamaron Haneul, cielo en coreano.

Aquel día en el callejón puede ser catalogado por Christopher como uno de los mejores, no tan solo el estaba maravillado por todo lo que veía a su alrededor sino también su madre.

—Thopher-ah...

Christopher se da vuelta cuando su madre lo llama, está se acerca a el y coloca en su mano izquierda una pulsera roja, al bajar la mirada, vio una idéntica en la mano de su madre

—Aun no puedo creer que mi niño se aleje de mi por bastante tiempo, pero quiero que conserves está pulsera, yo tengo una idéntica y cada vez que nos extrañes la toques o mires las estrellas porque yo estaré haciendo lo mismo

Christopher abraza a su madre, sabía que la iba a extrañar mucho y más porque vivían todo el tiempo juntos, haciendo actividades o simplemente pasando el momento.

Su padre lo llevó por todo el callejón, consiguió su varita de madera de nogal negro con un núcleo de fibra de corazón de dragón de 32 cm, su uniforme y su escoba porque iba a jugar Quidditch.

El primero de septiembre llegó demasiado rápido. Christopher sentía que apenas había cerrado los ojos cuando ya estaba frente a la estación de King's Cross, con sus baúles preparados y Haneul acomodado en su jaula, había llegado el momento. Su madre no dejaba de abrazarlo desde que habían llegado.

—Topher-ah, recuerda escribirme

—Eomma, te prometí una carta por semana

—Una carta al día sería mejor

Christopher ríe mientras siente como su madre le da otro beso en la frente.

Alessandro observaba la escena unos pasos más atrás, conocía demasiado a Hae-rin como para saber que sería capaz de acompañarlo hasta el mismo castillo.

Finalmente llegó el momento de despedirse, Christopher abrazó a su padre

—Comportate

—Lo haré

—Y no te metas en problemas, Topher

Christopher levantó una ceja y sonrió de costado

—No puedo prometer eso

Alessandro soltó una carcajada y lo volvió a abrazar con más fuerza. Después llegó el turno de Hae-rin, quien lo volvió a rodear con los brazos

—Voy a extrañarte muchísimo

—Yo también, eomma

Ella se separó apenas para acomodarle el cuello de la túnica, sus ojos bajaron hasta la pulsera roja que Chris llevaba en la muñeca

—No te la quites

—Nunca

Los ojos de Hae-rin se llenaron de lágrimas mientras toca la mejilla de su único hijo

—Y cuando mires las estrellas...

—Tu también las vas a estar mirando

Christopher abrazó a su madre con fuerza, pero está vez ninguno de los dos quería separarse, jamás había estado alejado de sus padres. Finalmente, Chris tomó su baúl y se encaminó hacia el tren.

Su corazón latía demasiado rápido y no sabía si se podría adaptar a este mundo.
Antes de subir se giró una última vez, sus padres seguían allí, Alessandro levantó una mano en señal de despedida y Hae-rin sonrió mientras luchaba por contener las lágrimas. Christopher sonrió de vuelta aunque tenía un nudo en la garganta, luego subió al tren.

Encontró un compartimiento vacío y acomodó sus cosas mientras Haneul observaba todo desde su jaula, Christopher se sentó junto a la ventana y apoyó la cabeza contra el cristal.

El tren comenzó a moverse, dejando Londres atrás. Christopher miró su pulsera roja y después a Haneul. No tenía idea de todo lo que le esperaba, no sabía si iba a encontrar amigos, en qué casa terminaría, o cuantas veces se metería en problemas. Solo sabía una cosa y era quebewtaba dejando atrás su hogar para descubrir cuál era su lugar dentro del mundo mágico.

—Esto recién comienza Haneul

El cuervo lo miró y Christopher sonrió mientras que el Expreso de Hogwarts avanzaba hacia el norte donde Hogwarts lo esperaba

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