FELIZ CUMPLEAÑOS @Dohie Johari
Esa era una fecha especial, el día era hermoso, un día perfectamente soleado, de aquellos que uno ve digno para un picnic con amigos.
Pero, ese no era el plan, no está vez, caminando a paso suave, se encontraba un joven rubio tapandole los ojos con las manos a una joven de cabello rojizo , la guiaba ¿Pero a dónde?el sol mortecino parecía acariciar la piel blanca de ambas personas, alejo suavemente las manos del rostro ajeno, dejando ver un hermoso acantilado, más similar a un risco, era hermoso, con flores que crecían sin orden por todos lados, pasto verde y en el fondo yacía un cuerpo de agua tranquilo, invitante, de esos que te llaman para sumergirte.
-Sorpresa ...
Susurro casi con melancolía tomando las manos ajenas con ternura entrelazando los dedos, cerro los ojos uno segundos, al abrirlos los dirigió al borde de aquel acantilado, no parecia tener miedo, no cómo las veces anteriores, simplemente estaba cansado, demasiado cansado, cansado de aparentar estar bien, cansado de esperar, cansado de haber intentado amar, cansado de vivir, de respirar y sentir.
Volvió la mirada a la chica, sabía que ella estaba igual, se notaba en esos ojos preciosos que antes brillaban y ahora parecían nebulas vacías, como si la vitalidad hubiera desaparecido de el cuerpo ajeno
-Dohie... Si murieras hoy... ¿Que sería lo último que pedirías? Yo... Perdíria un beso, de alguien que me ame mucho...-
Sonrió, de una manera tan sincera que dolía, esa sonrisa que ponía final a una pregunta que entre ambos habían buscado respuesta una y otra vez.
Aunque estaba aterrado, sabía que estaría bien, por eso sus manos no temblaban , porque sostenían al precioso angel que lo acompañaria, aún así su voz lo hacía, se quebraba en cada palabra que intentaba pronunciar
-Dohie yo... quiero que sepas que eres de las personas más importantes para mí...-
//AU's//
Dohie Johari
A medida que fue creciendo no solo no le fue bien, si no que fue aún peor. Ella era extraña en el sentido de no saber comunicarse correctamente y para colmo sus gustos eran totalmente diferentes a lo que las normas sociales dictaban.
Y para peor a sus veinticuatro se enamoró de ella... Ji-Hye. La maldita zorra de Ji-Hye y eso terminó por destruirla por completo, ya venía de varias decepciones anteriores... Lo había intentado con ambos géneros, con chicos, con chicas... Nada había funcionado. Y justo cuando estaba cansada de golpearse contra la pared, cansada de dejar que la gente la pisoteara como si fuese un trapo viejo, apareció él.
«El amor no solo viene en forma de pareja» era una frase que había escuchado una vez de casualidad, pero ella nunca lo había podido comprobar.
Hasta que él apareció, un príncipe. SU PRINCIPE. Un muchacho que le dio todo sin necesidad de pedir nada a cambio, le brindó cariño, amistad verdadera. Él llegó en su momento más débil y se quedó, se quedó a pesar de todo, sin exigerle nada. Porque él la entendía a la perfección y dicen que cuando dos personas son iguales están destinadas a encontrarse en algún punto... Y ese era su caso, dos personas totalmente desoladas reconociéndose aún a la distancia.
Él sabía que ese día no era especialmente bueno para ella, odiaba su cumpleaños, tantas veces había intentado no seguir cumpliendo que él solo poder tener un año más le hacía sentir aún más miserable. ¿Pero como iba a negarse a Cecil si era prácticamente la única persona que lograba comprenderla en ese mundo de mierda?.
Había caminado hasta el momento a fé ciega, guiándose únicamente de él, con los ojos cubiertos por aquellas tersas manos de persona que claramente se las cuidaba. Y por fin cuando esas palmas dejaron de cubrirle los párpados ella por fin los abrió, lentamente intentando acostumbrar la vista al sol del ocaso que decoraba el cielo con aquellos hermosos tonos carmines. Y entonces lo notó, el lugar donde estaban, el silencio del acantilado que anunciaba casi como un presagio lo que sucedería.
—Cecil...— Su voz de quebró. Eso no era solo un regalo, era su libertad.
Habían hablado varias veces sobre acabar con su sufrimiento, pero jamás había resultado. Por miedos, inseguridades, interrupciones... Y ahora estaban allí, su mirada bajó a las manos del muchacho sus perfectos dedos se cerraban al rededor de las delgadas falanges de la coreana.
Su corazón se oprimió, la mirada melancólica de Cecil sobre sí hizo que la pelirroja inevitablemente suavizara su mirada. No hacía falta decir demasiado, ambos sabían lo que el otro estaba pensando.
—Si muriera hoy... Probablemente me gustaría escuchar que fui suficiente al menos para alguien.—
Respondió en un hilo de voz tan bajo que parecía que él sonido del cuerpo acuoso bajo el acantilado podía opacarlo. Sus pulgares acariciaron con un cuidado extremo el dorso de las manos del rubio. Ahora él ya no era su príncipe, era ahora su salvador. Miró una vez más la caída larga que había hasta el agua y luego volvió a mirarlo una vez más. Ahora una de sus manos abandonó las ajenas solo para subir hasta el rostro del príncipe y con la misma suavidad que se tiene al tocar una flor para no romperla, Dohie le regaló una caricia.
—Eres más que importante para mí, Cecil... Probablemente si las cosas hubiesen sido diferentes... Si tu y yo no fuéramos lo que somos hoy... Tal vez... Hubiese habido una oportunidad para ser felices —
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