Tras aquellas largas horas de vuelo, volvió a su departamento, aterrizando con gracia sobre el barandal y plegando las alas hasta volver a esconderlas en las hendiduras de su espalda, cerrando las heridas para quedar sólo aparentes cicatrices.
Miró por sobre el hombro hacia la ciudad, las luces, la vida muy alejada de su pequeña penumbra, bajando finalmente del riesgo de la caída inminente, adentrándose a sus aposentos luego de finalizar aquella "misión".
—Ya regresé...
Lo dijo al vacío del lugar, nadie que estuviera ahí esperando, nadie para recibirlo, caminando mientras se desvestía y la ropa quedaba tirada en un rastro guiando hasta la cama, dejando caer su cuerpo como un cadáver inerte, mirando al techo con la certeza de otra noche en insomnio.