(Rol privado con El coleccionista)
ʊռ ռʊɛʋօ ƈօʍɨɛռʐօ
Habían pasado algunos días desde que la Princesa Celestia dejó el reino de Equestria por un tiempo a Twilight, Luna y Cadence. Ante el incidente en que la verdad fue revelada y que, había muchos mundos más allá de Equestria. Y aunque, todavía no había conseguido descubrir gran cosa, si que había encontrado algo muy valioso é interesante de lo que ocuparse. El coleccionista. Aquella pequeña criatura que le recordaba a Discord. Un ser tan excesivamente poderoso como travieso. La diferencia es que, El Coleccionista, todo lo que necesitaba era guía, guía para distinguir el bien y del mal.
Así que, tras escribirle una carta a Twilight con una sonrisa divertida, pues parecía que se habían girado las tornas y la que debía reportar de sus avances era ahora la mentora a la que fue su alumna, se puso en pie en aquel hermoso valle lleno de flores que nunca antes vió y abrió las alas, una pequeña corriente de aire levantó polen flagrante y algunos pétalos a su alrededor, antes de alzar el vuelo de forma majestuosa, en dirección hacia donde sentía el inmenso poder de aquel pequeño al que nadie había cuidado nunca. Con la magia dorada de su cuento, llevaba a su lado una bonita cesta de mimbre con el típico mantel blanco a cuadros rojos cubriéndolo, y en el interior de la cesta, llevaba frutas frescas, jugo, algunos dulces que había preparado y libros. En concreto aquel libro que Twilight publicó una vez donde estaban las cartas que le había enviado el,a y sus amigas a palacio y que, por desgracia los Ponys no supieron usar y tan solo malograron una bonita idea y un sabio regalo que la princesa de la amistad quiso otorgarles. Pero, no siempre las cosas salían bien, así que Celestia no le dió más importancia que eso, además su alumna, supo perfectamente te como apaciguar las aguas.
Tras varios minutos volando, Celestia vió la nube en la que el niño había pasado la noche, sonrió con cierta emoción, ya que hacía mucho tiempo que no tomaba a ningún alumno bajo su mentoria. Pero no era inseguridad, si había conseguido que Twilight fuera la princesa que era hoy en día, estaba segura de que podía educar a un niño que, a su entender solo necesitaba compañía, amor, guía, paciencia y una amistad sincera. La verdad, es que la princesa solar, había atravesado el espejo y llegado a los Caminos sin saber que encontrar, y ahora tenía grandes expectativas en lo que había adoptado como su nueva “misión personal”, así como ilusión.
Una vez llegó, aterrizó con suavidad y caminó por la nube hasta llegar a donde el pequeño dormía, con cariño lo acarició con una de sus suaves y esponjosas alas.
—Vamos, pequeño. Es hora de despertar y te he traído el desayuno—le susurró, dándole luego un empujón en la mejilla con el hocico. Recordando alguna que otra vez que tuvo que despertar a la pequeña Twilight cuando solo era una potrilla y se había quedado hasta altas horas de la noche estudiando.
El Coleccionista
Mmm… quiero seguir durmiendo… *bostezo y me fije que tenía una cesta* ¿Desayuno? ¿Trajiste mini pizzas?
- El sueño se fue de golpe con solo pensar en eso, flotando me acerque a la cesta para levantar levemente la tapa y poder ver lo que había dentro, se notaba que los modales no eran lo mio ¿aunque quién iba a reprocharlo? Era un niño, al fin y al cabo, viendo dentro de la cesta que no había mis comidas favoritas puse expresión de confusión. -
¿Frutas? ¿Zumo? - Metiéndome dentro de la cesta asomándome por el otro lado en mi forma de sombra sujetando uno de los libros que había. - ¿Libros? ¿Estas cosas se comen? ¿Dónde está todo lo delicioso? - no me había percatado de los dulces por estar acostumbrado al aspecto de los genéricos. -
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