[ Welcome to the show ]
>>> ONE SHOT <<<<
Advertencia: Texto que habla del abuso sexual.
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Hay historias que no se escriben, que no se documentan y que mucho menos se hacen públicas, sino que se quedan fundidas en el cuerpo de quienes las vivieron volviéndose parte de su identidad.
A los veintidós años, mientras intentaba reconstruir su carrera tras la agresión que lesionó su ojo derecho, el muchacho conoció la cara más oscura de la industria.
Un productor influyente se acercó a él ofreciéndole un ascenso meteórico que parecía ser eso, muy bueno para ser cierto.
Pero debido a la presión Renji terminó por ceder, entregando su linda firma e imagen por completo a ese hombre.
Al principio, el patrocinio parecía sincero, los números no mentían, la popularidad, los patrocinios, las marcas, Renji estaba desde comerciales de jabón ropa, hasta en productos de belleza para hombres y mujeres. Era increíble cómo sus conciertos lograban el SOLD OUT en menos de 5 horas.
El muchacho acariciaba de una forma sublime el cielo del éxito, se sentía tan querido, aunque fuese mentira.
Y pronto, el destino se encargaría de recordarle lo delicada que es la fama...
Era una noche más después de una sesión de fotos, luego salir a beber en celebración, como ya era costumbre; pero esa noche el hombre vio una oportunidad que no se presentaba siempre.
Se habían quedado solos.
"Solo será una pastilla para que se relaje"
"Ha trabajado mucho, merece un descanso"
"Solo yo se lo mucho que me desea"
Eran algunas de las mentiras que el hombre se decía en su cabeza antes de poner en la soda de Renji una pastilla para "relajarlo"
El pobre muchacho se sentía borracho...pero ¿cómo era que se sentía borracho si había pedido una bebida sin alcohol?
No había remedio, le pidió auxilio a la persona que lo había colocado en esa situación.
Lo llevó a un hotel, argumentando que el muchacho no quería llegar con su abuela en ese estado.
Y nadie lo cuestionó.
Lo arrojó sobre la cama, cerró la puerta con llave e incluso colocó una silla para trabarla.
Y el infierno comenzó.
El aliento agrio a alcohol, la asfixiante certeza de que su negativa no bastaba para detener a quien se creía su dueño.
Manos sucias que utilizaron su cuerpo y exploraron hasta los recovecos más oscuros.
Gritar, llorar, rogar, pedir por perdón. Nada lo hizo detenerse.
Después vino el silencio, impuesto por el poder del agresor.
Ahi lo dejó después de utilizarlo.
La mañana llegó y el pobre muchacho desorientado y traicionado volvió a caer....con la yakuza otra vez.
Durante semanas ofreció la mejor actuación de su vida: sonreía a las cámaras, cantaba y repartía autógrafos con encanto impecable, mientras por dentro su mente se reconfiguraba.
El sonido de una puerta cerrándose a sus espaldas se volvió insoportable, y cualquier favor o gesto de afecto pasó a sentirse como el anticipo de una deuda implacable.
Meses más tarde, al confesarle el episodio a su protector dentro del clan, Renji se preparó para la furia o la exigencia de un cobro político, pero en cambio, una frase que desarmó su mundo: "Ya se tomaron cartas en el asunto."
El episodio jamás se volvió público. Para el mundo exterior, Renji simplemente se transformó en un hombre reservado, afilado e imposible de manipular.
Aprendió a leer las intenciones ajenas, impulsado por la trágica ironía de haber sido ciego una sola vez. Y aunque jamás volvió a permitir que nadie lo acorralara, en la penumbra sigue asaltándolo esa culpa sorda e irracional que la lógica nunca ha sabido curar.