El gimnasio era invadido de sonidos de golpes y respiraciones cansadas. Bajo la luz de las lamparas que colgaban del techo de concreto, el sonido seco y rítmico de los golpes contra el costal pesado marcaba el ritmo.

Shiki estaba en su zona de confort. Vestía una camiseta de tirantes negra y ajustada que dejaba al descubierto sus hombros marcados y la espalda trabajada a base de años de entrenamiento, patrullaje y una dedicación al entrenamiento. Las vendas blancas cubrían firmemente sus nudillos, ajustadas con la precisión de alguien que sabe cómo exactamente golpear. Enfrente, su compañero de sparring, un tipo corpulento y con experiencia, intentaba mantener la distancia, pero la ventaja de ella era evidente desde el primer asalto.

No era solo una cuestión de fuerza bruta, eras mas...estrategia.

—¡Arriba las manos, Márquez! ¡No bajes la guardia o te va a volver a costar!

Le recrimino la policia con su voz ronca, con la mandíbula tensa y la mirada fija en los ojos de su oponente.

Márquez resopló, intentando recuperar el aliento tras un intercambio rápido en el centro del ring. Asintió, consciente de que contra la contraria no valía la pena confiarse ni un segundo. Para ella, el boxeo no era un deporte comun ni una vía de escape relajante; era practicamente si se jugase la vida en cada instante.

Cuando Márquez lanzó un jab frontal buscando recuperar terreno, Shiki ni siquiera parpadeó. Su contextura compacta le permitió esquivar el golpe con un leve movimiento de cintura, cerrando la distancia en cuestión de milisegundos. Su juego de piernas, era impecable.

Dando un paso al frente con una velocidad dificil de seguir para alguien con su masa muscular como la de el, conectó un gancho de izquierda directo al costado que hizo que el aire abandonara los pulmones del rival con un sonido sordo, seguido inmediatamente por un recto de derecha medido con precisión que detuvo a Márquez en seco, obligándolo a retroceder hasta chocar contra las cuerdas.

Shiki se detuvo al instante. No hubo una sonrisa de victoria ni burlas. Bajó los puños lentamente, respirando por la nariz, mientras el sudor escurría por su frente y marcaba las sombras oscuras de su rostro serio.

—Se acabó el round.

Anunció con voz seca, apartándose del centro del ring para tomar su botella de agua sin mirar a nadie.

A pocos metros, algunos de los novatos del gimnasio la observaban con una mezcla de respeto y miedo. Sabían que Shiki rara vez hablaba más de lo necesario, que su trato cotidiano era seco y que prefería mantenerse al margen. Pero en el cuadrilátero, su presencia imponía peso. Era fuerte, dominante y letal.

Mientras se desataba las vendas con los dientes y se secaba el rostro con una toalla, Shiki se mantuvo en su propio mundo. Nadie en ese gimnasio se atrevía a acercarse demasiado a invadir su espacio personal, y para ella, era pan de cada dia.

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