A penas empezaba a amanecer en Tempest y, las calles ya se escuchaban bulliciosas. Sin duda había paz en las ciudades gracias a RImuru y al resto de sus subordinados.
¿El problema? La gente feliz tiende a ser más escandalosa por lo que sea, y eso no permitía a Veldora dormir hasta tarde. De modo que, con una cara de sueño que no se aguantaba ni él mismo, tuvo que levantarse.
Cecil Lancaster
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