Entraron al cuarto a los empujones, besandose en los labios como si el simple hecho de separarse fuera a apagar el ardor que llevaban dentro.
El cuerpo de Flambae estaba en llamas, sus hombros soltaban chispas de fuego mientras empujaba el cuerpo del omega hasta hacerlo caer en la cama.
— Oh, azizam... —susurró entre los besos, dejando sus labios para pasar a su cuello.— te verás tan hermoso, tan adorable con mis hijos...
Remy
— Mon amour... — jadea al sentir sus labios en la piel mientras abría de forma descarada sus muslos.
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