Cotidianidad...
⤿ Ft. Halphas
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Una sonrisa se formó en los labios cuando notó cómo un ave se posó sobre el dedo de su compañera. Ella no lo estaba observando, ni siquiera por compromiso necesitó expresar algo, mas su primer impulso fue aquel, sentir una extraña satisfacción que cinceló entre incontables recuerdos.
Quizá la torcida ironía contentó su humor. Ninguna criatura ideada por la providencia debía confiarle su integridad; esa naturaleza infernal suficiente herencia era para justificar cualquier rechazo. Sin embargo, como si aquel pájaro contemplara a un compañero alado, detuvo su vuelo en su mano.
Recién ahí fue que se dio cuenta de la fuerza de una pequeña observación:
«Desde que comenzamos este viaje, el mundo dejó de odiarla».
Halphas
Todo se devela en su verdadera naturaleza porque más que un “demonio” ella prefiere ser interpretada como una “intención”, un concepto tan maleable como su caprichosa voluntad de permanecer al lado del vacío. ¿Desde cuándo comenzó a desearlo? Para alguien que solo se movía por la voluntad de su padre Malphas o su obsesionante delirio por el conflicto bélico es... Es inimaginable. Ella que es la versión femenina de esta bestia es concebida como “el pequeño cuervo” y se intuye como una curiosa amalgama de contradicciones que se encuentran o despliegan según el ciclo en el que se encuentre, porque sus vidas renacen con el fuego de la guerra, una guerra que incita mas no pelea.
Hija del Caos, saeta de día y bruma nocturna, ¿Habrá algún arte en la ausencia?
Cuando lo conoció, más allá de cualquier afinidad, entendió que de alguna manera está ligada a su existencia, como una especie de atracción inexorable. Así lo contempla Halphas, también cuando lo ve como en este momento... Cuando el ave yace en su dedo intentando imitar la melodía que él ejecuta con impecable maestría, con su canto vespertino cual anuncio del crepúsculo en el que los impíos dominan.
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