Cᴀғᴇ́, ᴠɪɴʏʟᴇ ᴇᴛ ʙᴏɴɴᴇ ʜᴜᴍᴇᴜʀ
Odette se despertó bastante temprano, incluso antes de que sonara su alarma. Con una sonrisa todavía adormilada, se levantó de la cama y se puso únicamente una camisa a cuadros algo larga, que caía despreocupadamente sobre sus piernas.
Antes de hacer cualquier otra cosa, se acercó al tocadiscos y colocó un vinilo de los años ochenta. En cuanto la música comenzó a llenar el apartamento, caminó hasta la cocina para preparar su café y unas rebanadas de pan francés.
Una vez listo el desayuno, tomó su taza y dio un pequeño sorbo, pero apenas reconoció las primeras notas de la canción, dejó el café sobre la mesa y comenzó a bailar.
Esta vez no fueron simples movimientos tímidos. Odette empezó a mover las caderas de un lado a otro, siguiendo el ritmo con entusiasmo mientras daba pequeños saltos por la cocina. Se apartó el cabello del rostro, giró sobre sus pies y levantó los brazos, riéndose sola mientras intentaba seguir cada cambio de la canción.
Terminó bailando por toda la sala, haciendo pequeños pasos exagerados y hasta improvisando una vuelta que casi la hizo perder el equilibrio. Lejos de detenerse, soltó una carcajada y continuó bailando todavía más animada, completamente despreocupada.
—¡Por fin es viernes! —exclamó entre risas, dando otra vuelta mientras la música ochentera seguía sonando por toda su casa.