#tramaroll
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Aomine no era de los que se comían la cabeza con preocupaciones, su personalidad era muy simple, sus sentimientos honestos y claramente era un cabeza hueca.
No se preocupó cuando le dijo a Taiga que lo amaba, por la sencilla razón de que era verdad, tampoco quería recrearse en pensarlo demasiado porque le daba vergüenza aunque nunca arrepentimiento. Lo mismo pasó cuando le propuso matrimonio, lo hizo en un arrebato, porque quería hacerlo, sinceramente pensaba que juntos serían una familia feliz. Tenía de ejemplo a sus propios padres, un matrimonio cariñoso y sencillo. Era tan idiota que nisiquiera se planteó que en Japón las parejas homosexuales no podian casarse, en su realidad aquello no importaba porque lo harian de una forma u otra.
Ahora sin embargo, existe algo que ni con toda su cabezonería podía ignorar. Iba a conocer al padre de Taiga y quería causar una buena impresión.
Antes conoció a los hermanos de sus novias porque iban en la misma escuela y se cruzó en una cita con la madre de una de ellas, aquello ocurrió entre secundaria y preparatoria, en relaciones de unos cuantos meses que no fructificaron para darles la formalidad que ahora el evento tenía.
Pero Taiga le importaba, quería que su padre aceptara su relación con él. Sabía sus debilidades, que era infantil, cabezota y hosco.Aun así habló con sus padres, les contó sus preocupaciones y pese a que quizás ellos aún estuvieran acostumbrándose a todos los cambios en la vida de su hijo, tan amorosos como siempre no dudaron en apoyarlo.
Se puso un traje, porque la mayoría de su closet era ropa deportiva y porque sabía que Taiga lo encontraba irresistible en ropa formal o uniformes
La familia de Taiga era muy distinta a la tradicional que era la suya, no podía salvar las diferencias, ni tampoco podía cambiar de la noche a la mañana su personalidad pero estaba seguro que si había conquistado a Taiga, también conseguiría hacerlo con sus padres.
Con eso en mente se arregló, colocando los zapatos formales que nunca usaba, sacándoles brillo como le había instruido su madre y usando el reloj prestado por su padre en la muñeca como único accesorio lujoso.
Salió con la corbata en la mano y una estela de perfume masculino que nunca usaba y que reservaba para ocasiones especiales.
-¿Me ayudas con el nudo?-le pregunto a Taiga con una sonrisa en la cara como si ya supiera el efecto que iba a causar en él y engreído y lleno de confianza solo fuera a confirmarlo