Sirius Black añadido nuevas fotos a ★ ◞ Narrations
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ⓘ 𝗦𝘁𝗮𝗿𝗱𝗮𝗿𝗸 multimuse .ᐟ
Sirius ✦ Black
INCESTO PT.1
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Creci en un núcleo familia tradicional, un tanto bochornoso y otro tanto correcto. La rectitud es lo que da prestigio, más ante un apellido tan antiguo e importante dentro de lo que es el mundo mágico.
Ser el primogénito/mayor, no es tarea fácil, la mayoría espera lo mejor de ti, que seas el ejemplo a seguir, el más fuerte, el principal pilar y futuro.

Después de mi, nació Csilla, mi hermano Regulus y la más pequeña de la casa, Alya. Éramos cuatro juguetes ideales, simples artefactos que Walburga utilizaba para conseguir lo que tanto reclamaba con impetud; el reconocimiento.

Ninguno mas perfecto que el otro, pero si menos idealizado que yo. En mi estaba puesta la esperanza de que cada que resonara el apellido Black en la boca de una persona, es porque hablarían con respeto y admiración, como si fuera la única realización de una persona el alcanzar a ser como nosotros.
No tenía escapatoria. Por ningún lado en que mis ojos se posaran sobre las paredes tapizadas y verdosas, todo era complementamente esclarecido en un contundente "Sirius, recuerda, es tu responsabilidad el que porten bien este nombre" "No te da vergüenza el que tus hermanos sepan que a quien más admiran resultó ser la mayor decepción de toda su familia", "No sirves como hermano, mucho menos servirás de otra cosa", palabras así, eran de un gran peso psicológico para un niño de 11 años que intento de todo pero nunca encajo y ni se sintió feliz con lo que sus padres le enseñaban.

¿Por que tenia que poner en mi primer lugar el honor antes que mi felicidad? Yo solo quería jugar, reír, platicar, tener alguien con quien obtener la suficiente confianza para contarle de mis problemas, recibir un beso, un abrazo, una pequeña señal de que al menos mis progenitores me veían más allá que solo una herencia o puerta a todos sus problemas sobre el prestigio.
Pero eran Walburga y Orión, de ellos podía esperar castigos, crucios, palabras hirientes, humillaciones, burlas, menos un "eres mi hijo".

La costumbre a eso me hacía tolerante, sin embargo, también despertaba en mi la curiosidad de buscar las respuestas de porque mis padres llegaron a ser lo que ahora son. De donde es que habían tomado esas actitudes de ser tan rectos y crueles.
Aunque al final opté por no tomarle importancia; la vida, Dios, Merlin o lo que sea que se encuentre siendo nuestro superior en este plano, me hizo ver algo por lo cual comencé a despreciarlos aún más.

Recuerdo que Walburga, ese dia en particular, me había quitado un artículo muy preciado que me regalo una de las pocas personas que confiaba en el colegio. Así que emprendí mi búsqueda, aprovechando sus salidas de la mansión para entrar a su habitación, donde guardaba todas las cosas que decidía arrebatarme.
Comencé a curiosear por todos lados, abriendo cajones y teniendo cuidado de poner cada cosa que levantaba o movía de lugar en la misma posición.
Eran interminables las cosas que guardaba mi madre, entre ellas artículos antiguos que seguramente obtuvo en su infancia, documentos y más papeles que no entendía ni porque estaban haciendo bulto ahí.

Seguí emprendiendo mi diminuta búsqueda; hasta que llegué a uno de los cajones cercanos al armario, lo abrí y me encontré con dicho artículo, guardado y escondido entre un tumulto de papeles que parecían de igual manera solo estorbar. Lo tome, sin dudar, hasta que mi vista se fijó en algo que decía "acta de matrimonio", se que era un papel que no debía importarme, pero por alguna razón comencé a leerlo, dándome cuenta de que mis dos progenitores tenían los mismos apellidos.
Para ese entonces, mi mente comprendía bastantes cosas, así que era demasiado tonto el ignorar el hecho de que si llevaban los apellidos de manera similar, era porque tenían algún parentesco u lazo sanguíneo que los uniera.

Al darme cuenta de ello; salí lo más rápido que pude de esa habitación y entré a donde hace unos cuantos años atrás no lo hacía. Busque entre el numeroso tapiz el nombre de ambos y cuando los encontré, mi boca se secó, mi aliento había desaparecido y el mundo entero ahora parecía dar vueltas.

Son primos... —me dije hacía mis adentros, casi en un susurro, que aunque no se escuchara temía a que alguien lo hiciera—

Como una familia tan recta como los Black podía cometer tal atrocidad. Mi mente no llegaba a percibir y terminar de asemejar semejante cosa.
Hasta que extremo tenía que llegar esta familia con tal de mantener intacta la creencia sobre la pureza de la sangre.
Aquella noche no pude dormir, fue una muy larga; nunca se lo mencioné a nadie, menos a mis amigos del colegio y por supuesto hermanos, pues aún no entendía como es que se podía permitir actos así.

Ahora, nada en esa casa me mantenía sereno, todo parecía una cárcel sin salida, llena de secretos que podían susurrarse sobre las paredes.

La difícil compostura que guarde, el no poner cara de asco y desprecio cada que compartía la mesa o algún espacio con mis padres. Era una tortura.
Sin embargo, ante tanta penumbra e intranquilidad, existía alguien que lograba transmitirme paz. Esa persona era mi hermana Csilla, la mayor de las mujeres.
Ella al menos comprendía el papel que desempeñaba un primogénito, pues Walburga esperaba que fuera el ejemplo a seguir de Alya.

A diferencia de mi, Csilla si logro entrar a Slytherin, la casa predilecta y favorita de los Black. En eso no tenía que aguantar insultos. Al principio me enojé con ella, pensé que se quedaría en Gryffindor, haciéndome compañía, tal y como me lo había prometido un dia antes de entrar a Hogwarts.
Pero posteriormente comprendí que era mejor que fuera parte de las serpientes, puesto que no quería verla sufrir, ni tener que aguantar todas las vacaciones los desprecio por parte de toda la familia.

La unión que se fue formando con Csilla era única, de pequeños solíamos jugar solos y a escondidas de mamá y papá, en aquellas fuentes de abundante agua. Solo las ponían a funcionar en verano, así que cuando se hacia alguna reunión importante, eran las que menos se tomaban en cuenta por la insolación que podías llegar a tener si permanecías bastante tiempo en dicho lugar.
Pese a eso, Csilla y yo tomábamos las riendas de ese espacio, saltando y riendo cuando usábamos el agua para mojarnos.
En las noches de frío y tormentas, cuando los rayos parecían iluminar la tétrica y oscura decoración de la mansión, mi hermana sigilosamente entraba a mi habitación, se acostaba a mi lado y me abrazaba, su mayor miedo era la oscuridad, el silencio absoluto, el saber que se encontraba sola y con nadie a su lado que la protegiera o le dijera por lo menos que todo estaba bajo control, que era válido tener miedo, pues sólo era una niña que mostraba su naturaleza en la etapa correspondiente.

Conforme fuimos creciendo ese miedo no se le quitó, cada que mis padres tenían que emigrar a cierto lado y era temporada de lluvias, Csilla se escabullía para poder entrar de nuevo a mi habitación. Aún solía pensar que la soledad la seguiría invadiendo y que terminaría desbordando una locura inminente.
En dichas noches, solíamos platicar de todo. Más acerca de lo que esperábamos a futuro, nuestras aspiraciones, sueños, lo que queríamos lograr y que algunas veces sabíamos que sería un tanto imposible de conseguir.
Yo la alentaba a seguir esforzándose por alcanzar sus metas, mientras que ella me recordaba a cada rato el gran hermano que fui durante su infancia.

Esas últimas palabras, las que siempre decía y soltaba cuando ya tenía demasiado sueño, las peculiares "te quiero, hermano", me llenaban de felicidad.
Terminaban refutando lo que mis padres me inculcaron y escudriñaron sobre que nadie me iba a querer o agradecer debido a que no iba a ser nada en este mundo.

Todo fue cambiando, menos el sentimiento de quererla y protegerla ante cualquiera que se atreviera a hacerle daño. Se podría decir que....en si, nunca me percaté de que eso iba a convertirse en algo verdaderamente extraño ante las demás personas.
Se volvió normal el que quisiera tenerla más cerca, observarla, percibir su aroma, el saber que hacía durante clases, el verla sonreír, tratar de ser lo mejor para ella, entre otras cosas más.
Se que durante nuestra estancia en Hogwarts era complicado el que pudiéramos estar los dos juntos en la misma cama, como lo solíamos hacer durante vacaciones, pero aún si, lograba sacar algún tiempo extra para poder coincidir durante las noches que le tocaba supervisar los pasillos.

Me conocía, comprendía lo bastante ocioso que llegaba a ser. No obstante, no me juzgo, decidió seguir quedándose con lo mejor que le aportaba a su vida.
La compañía con ella no se sentía pesada, al contrario, era mi consuelo y el momento más esperado durante todo mi dia.

Csilla tampoco entendía porque también disfrutaba de esas pláticas, solo sabía que a los dos nos hacía un bien el estar el uno para el otro.

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