Bajo la sombra del roble viejo, donde el viento murmura un secreto, transcurre el tiempo en su lento reflejo, y el mundo olvida su antiguo decreto.

​Las hojas caen doradas y frías, susurrando historias de un viejo ayer, de noches eternas y claros días, de todo lo que fue y dejó de ser.

​El río fluye con paso distante, cariciando las piedras en su caminar, un viajero eterno, jamás constante, que busca en la noche la luz del mar.

​Y en medio del silencio que todo abraza, alza la luna su luz plateada, mientras la vida ligera pasa, como una sombra en la madrugada.

​Queda en la tierra la huella impasible de aquellos sueños que no terminaron, el eco lejano de un amor invisible, y el suave murmullo de los que cantaron.

​Sigue el camino la noche en su vuelo, tejiendo mantos de estrellas sin fin, mientras el alma busca en el cielo un breve descanso en su propio jardín.

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