Una noche fría, tan helada que al respirar una nubecilla de vaho hacía acto de presencia al escapar de sus labios. Su mirada casi cegada por el alcohol se levantó hacia la ventana. Afiló la mirada ante la luz intensa de un farol nocturno que lograba colarse por la rendija del tragaluz del templo; que se encontraba torcido a causa de los años con nulo mantenimiento, y golpeaba con una fuerza casi brutal sus párpados.

La realidad era que había estado todo el día bebiendo. . . Se había prometido a sí misma dejar de hacerlo pero, por casualidades de la vida alguien había dejado como ofrenda varias botellas de sake... Y la sed atacó. "Un solo sorbo" dijo en primeras, "uno" que terminaron siendo seis botellas. ¿Cómo no le dio un coma etílico? Quién sabe.

Se llevó la mano diestra para cubrirse los ojos, y entre tambaleos se intentó poner de pie.

—¡Ya deja de moverte, suelo! —

Se quejó, arrastrando las palabras al intentar enderezarse, pero claramente no era el suelo lo que estaba moviéndose.

Salió por fin del templo, llevándose puesto a la pasada uno de las viejas columnas que sostenía la entrada y no dudó en mirarla, transformando su expresión serena en una de completo desagrado e incomodidad.

—¡Oye...! ¡Fíjate por dónde caminas, eh!... ¿Qué, qué miras?. —

Reclamó.

Efectivamente allí estaba ella, peleando con una columna de madera vieja que parecía estar a punto de caerse a pedazos con un par de golpes, pero que para ella era en ese momento su Nemesis.

—¿Ah, si?... ¿Quieres pelea? ¿¡QUIERES PELEA!?—

Exclamó ella perdiendo ligeramente la estabilidad de su cuerpo. Intentaba mantenerse de pie, pero el mundo giraba y le era difícil mantenerse firme.

Entonces Sira armada de valor le dio "una bofetada" al mastíl de madera. Y segundos después se miró la mano claramente enrojecida y cosquilleante por el golpe. Frunció el entrecejo, esa cosa no iba a ganarle, claro que no.

—Así que te crees muy fuerte, eh... —

Un siseo venenoso se le escapó, cargado de un repentino desprecio que obligaba a su cuerpo temblar. Sentía que su pequeña mano delgada y femenina latía a causa del golpe.

Su diestra se levantó una vez más para propinar otro golpe, uno que no llegó a cumplirse porque ella giró rápidamente el rostro hacia un costado, haciendo la mímica de que le habían propinado una bofetada.

Su cuerpo inclinado ligeramente hacia delante terminó balancendose hasta perder totalmente el equilibrio y quedar abrazada a la misma columna a la que le había declarado la guerra minutos atrás

—Maldición... Eres demasiado poderoso...—

Su voz quebradiza y arrastrada por el alcohol resonó en la tranquilidad de la noche, su cuerpo terminó deslizándose lentamente por la columna hasta caer sentada en el suelo de un golpe seco que hizo rechinar la madera vieja a sus pies.

Entonces inclinó la cabeza hacia atrás, levantando su mirar cristalino al cielo, señalándolo como si éste hubiese sido de alguna forma su cómplice nocturno.

—A veces... Cuando la vida te da limones... Es mejor no mirarle los dientes....¿? —

Refraneó en un susurro desgastado, como si fuese su último aliento de vida, filosofando aunque realmente no tenía sentido alguno.

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