Como protector de Hyrule sentía que debía auxiliar a quien sea que pudiese necesitar de su asistencia. Debido a eso, siempre procuraba ayudar a los diminutos Korok a llegar los campamentos de sus respectivos amigos. Las pobres criaturas siempre llevaban unas mochilas enormes que dificultaban su movilidad para poder llevar a cabo sus travesías.

Sentía especial preocupación por los que se encontraban en las rudas arenas del desierto. Había desde chuchus y lizalfos eléctricos, gibdos normales y voladores. Cómo si fuera poco, también habían tormentas de arena y arenas movedizas. Todo el entorno era potencialmente letal para los Korok.

Es por eso que con la intención de garantizar un viaje rápido a su destino, contrató el servicio de renta de morsas del desierto. Ya que la distancia no era tan extensa, no debería haber problemas. ¿Cierto? Aquellas vibraciones de la arena seguro eran piedruzcos que golpeaban el trineo de madera.

Aunque.... Las piedrecillas no tenían ojos ni cuerpo de Molduga. Alarmado, Link dio la orden a la morsa de acelerar. El campamento estaba tan cerca, pero el monstruo también era rápido, solo podía rezar a Hylia, esperar lo mejor y confiar en la rapidez de su foca de arena.

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