Comentario reportado con éxito
¡Se ha agregado el mensaje a tu línea de tiempo!
¡Has alcanzado el límite de 1000000 amigos!
Error de tamaño de archivo: El archivo excede el límite permitido (9 GB) y no se puede cargar.
Se está procesando su video, le informaremos cuando esté listo para ver.
No se puede cargar un archivo: este tipo de archivo no es compatible.
Hemos detectado contenido para adultos en la imagen que subiste, por lo tanto, hemos rechazado tu proceso de carga.
Para cargar imágenes, videos y archivos de audio, debe actualizar a miembro profesional. Sistema de creadores
Para vender su contenido y publicaciones, comience creando algunos paquetes. Monetización
Óceane Side
𝙀𝙡 𝙖𝙢𝙖𝙣𝙩𝙚
𝐌𝐞́𝐱𝐢𝐜𝐨 ( 𝐀𝐠𝐨𝐬𝐭𝐨 𝟐𝟎𝟐𝟔 )
( . . . )
Las leyendas mexicanas dicen que ningún hogar dará frutos donde la sal de otra mujer haya sido derramada.
O eso solían decir cuando se trataba de ahuyentar a las amantes. Ojalá Fernando lo hubiera sabido antes; tal vez así le hubiese tenido un poco de consideración a aquel hombre, quien sin saberlo hizo su propia tumba a los pies del hombre que un día enterró a Fernando o al menos su corazón.
( 𝐀𝐠𝐨𝐬𝐭𝐨 𝟐𝟎𝟐𝟓 )
( . . . )
Fernando se recargó contra el muro de concreto; las piernas se sentían flojas; no había dormido en toda la noche, tampoco había comido y, si acaso, apenas había tomado medio litro de agua.
Dicen que en el infierno hay nueve círculos; probablemente él había conocido ya la mayoría.
El infierno era un hospital de segundo nivel situado en la capital al norte de la misma; atendía todo tipo de población, donde mayormente se encontraba gente de clase trabajadora, gente obrera con oficio y sin seguro social; y en ocasiones gente sin oficio y sin beneficio, pues también atendían a gente que había pisado las correccionales, gente sin hogar y gente que, si bien tenía un hogar, la calle era mucho más segura para ellos.
Era el conocido Seguro Popular.
Pero había infiernos más grandes.
Hospitales de tercer nivel, que hacían ver el infierno como indulgencia.
Y, en un giro eventual de su vida, acabó en uno de aquellos hospitales. Decían que era un desintoxicante del infierno. Más bien era un castigo, una advertencia de que podía ser peor y de que el sistema no era amable; pues los médicos internos solo eran una herramienta más en el hospital.
Y aun después de eso, Fernando siguió resistiendo, rebelándose, luchando por ser quien rompía el molde entre los internos y, por supuesto, todos en el infierno lo sabían.
Sin embargo, aquella rebeldía que alguna vez mostró entre pasillos hospitalarios, camillas llenas y manchas de sangre no provenía exclusivamente de su propia naturaleza, pues había impulsos detrás de ella.
( 𝐅𝐞𝐛𝐫𝐞𝐫𝐨 𝟐𝟎𝟐𝟔 )
( . . . )
La plaza era brillante, tenía un buen tragaluz en la terraza que iluminaba el rostro cansado de Fernando. Ojeras marcadas, uniforme quirúrgico sucio; había pasado la noche recibiendo bebés en tococirugía, por lo que no era una sorpresa ver alguna que otra mancha más oscura en el uniforme, y lo único que lo aliviaba era un té con leche deslactosada caliente y bien espeso, sin azúcar.
Su mirada se desvió momentáneamente hacia una pareja de ancianos que compartían el café de la tarde mientras reían; tal vez charlaban de alguna simpleza, pero había dicha en la manera en que ambos se miraban. El pecho se le apretó y se obligó a quitarles la mirada de encima antes de que las lágrimas se le desbordaran.
La postguardia era lo peor. Siempre salía con los sentimientos a flor de piel.
Entonces lo vio por primera vez, más joven que él; por uno o dos años, bonito en una palabra simple, pero parecía hueco. Dio un sorbo a su té; sin duda era un contraste interesante entre ambos.
Hace no mucho, Fernando solía verse así, jovial, arreglado, fresco, perfumado; bonito, incluso coqueto.
El menor pasó de largo como si buscara algo; Fernando le restó importancia y siguió bebiendo su té en silencio.
Minutos más tarde, una voz dulce lo sacó de sus pensamientos.
⸻¿Está ocupado?⸻ Cuestionó aquel muchacho sosteniendo un café frío en la mano.
⸻Adelante.⸻ Murmuró Fernando ofreciéndole asiento a su lado.
Los siguientes minutos fueron incómodos. El menor lo miraba furtivamente bajo los lentes de sol, se removía en la silla como si fuese a levantarse pero al final volvía a la misma posición. No había tomado ni un sorbo de su café.
Fernando sacó su celular. Así tendría una excusa para irse si la situación se volvía más incómoda.
Había cinco mensajes con el nombre de getaway car en la pantalla. No estaba de humor. Los ignoró.
⸻Soy Lazaro.
Hubo silencio. Fernando arqueó ambas cejas en su dirección sin entender por qué sus palabras habían salido apresuradas, como si fuera una revelación.
⸻Fernando. Mucho gusto.
Respondió. Seco. Cortante. Firme.
⸻¿Conoces a (. . . )?
La pregunta había sido directa.
Fernando echó los hombros hacia atrás.
Lo miró en silencio, mentalmente se comparó con él y, por un momento, lo odió.
No odio al hombre en sí.
Odio su cinismo.
Odio su falta de respeto.
Odio que presumiera lo que ambos carecían.
Pues, ni en sus sueños se habría imaginado que el amante aparecería frente a él.
⸻¿Cuando terminaron?⸻ La pregunta de Lázaro era clara, le temblaba la voz y, momentáneamente, lo sintió quebrarse.
Fernando lo evaluó en silencio.
⸻Julio. Agosto. No lo recuerdo bien.⸻ La respuesta era corta, con la información necesaria. ⸻Sin embargo, hubo algo más. . .
Y mientras Fernando hablaba. Lázaro se retraía como si fuera una presa, un animal enjaulado.
Fernando entrecerró los ojos.
⸻No sirves para jugar al amante, niño. En mis tiempos, el amante no andaba buscando al patrón, mucho menos se le enfrentaba. Ten un poco de dignidad, esa que no tuviste al respetar mi lado de la cama.
Bebió su té en silencio, observando cómo aquel muchacho se quebraba ante él.
Arrugó la nariz con desagrado al ver una lágrima rodar por su mejilla.
Esa sal, nunca se compararía a las toneladas que Fernando había derramado, pues ( . . . ) no solo lo había engañado, no solo había deslealtad en sus acciones y en sus palabras, en sus caricias compartidas; había traición en dejarlo navegando aguas desconocidas con una brújula rota y un mapa hecho jirones.
( 𝐀𝐠𝐨𝐬𝐭𝐨 𝟐𝟎𝟐𝟔 )
( . . . )
Fernando tenía una lista mental, un recordatorio, motivos palpables escritos a mano temblorosa y manchas de tristeza y sal que escurrían la tinta del papel; notas arrugadas, pensamientos vagos, recordatorios, eso eran, recordatorios de por qué no podía regresar con (. . .), ni a sus brazos, ni a sus labios, ni a sus ojos, ni a sus infieles caricias.
No solo era orgullo y ego herido.
Era deslealtad.
Era el victimismo que, (. . .), solía cargar y que, para buenas o malas, se llevaba entre los pies a Fernando, quien había decidido callar, pues cuando hablaba, la deslealtad tocaba su puerta robando lugares que alguna vez creyó seguros, lugares donde su propia supervivencia no le permitía regresar.
⸻Eres un hijo de la 𝑐𝘩𝑖𝑛𝑔𝑎𝑑𝑎, Fercho. Frío como el hielo.
Elías sonaba seguro de lo que decía.
Fernando soltó una risa apenas audible, sin gracia alguna.
Suspiró.
Lo dejaría creer aquello.
La realidad era que Fernando había pasado por mucho.
⸻Tienes que abrirte más, Fer. Tal vez encuentres a alguien.
El médico bebió su jugo embotellado antes de negar.
⸻Ya estoy grande, Elías. Veinticinco no es cualquier cosa; ya no ando para soportar tonterías. ¿Me quieres o no? ¿Quieres estar conmigo o con cinco más? Nos divertimos, pero nos divertimos los dos; vamos a jugar, pero jugamos parejo. Ah, y eso sí, aquí andar con traiciones no, porque yo sí soy bien derecho.
Elías lo miró antes de reír.
⸻Pides imposibles, Fer.
⸻Por eso estoy solo, así mejor, de lejitos y todos somos amigos. Mejores amigos, es más.
Respondió el mayor haciendo un ademán con las manos.
⸻Ya Fernando. ¿De verdad no hay nadie que te atraiga? ¿Ni poquito?
Fernando se detuvo a pensar, se rascó la mejilla con el dedo anular después de unos momentos. Movió la cabeza en negación.
⸻No.⸻ Se encogió de hombros. ⸻Todos están casados o en situaciones en las que prefiero no involucrarme. . . ⸻ Se mordió el labio inferior unos segundos antes de hablar. ⸻Bueno, si hay alguien. De mi pasado.
⸻¿Tu ex?
Fer bufó antes de negar otra vez con la cabeza. ⸻Que menso. ¿Yo? ¿Volver con mi ex? Never.⸻ Fingió dar una arcada antes de reír. ⸻Era alguien que me hacía reír mucho, muchísimo. Tuvimos un malentendido un día y dejamos de hablar; fue antes de conocer a ( . . . ) pero teníamos una historia complicada. El tema es que soy como una caja fuerte, y si me lastiman, me cierro y no hay combinación que me abra, pero sí, a mí hasta el payaso me sale caro.
⸻Te gusta puro feo.
Fernando asintió; no iba a corregirlo. No era el primero que se lo decía.
⸻Oye Fer. . .
Ese tonito ya se lo conocía. Suspiró.
⸻¿Ahora qué?
⸻¿Qué tanto pasó entre ustedes?
Fernando desvió la mirada, apretó los labios incómodo y por un segundo sintió los ojos arder; sin embargo, tragó saliva e inspiró con fuerza hasta que el pecho le dolió con el aire frío.
⸻Creo que él no es ni tantito consciente de todo lo que hizo y lo que siguió haciendo después; por algo en su narrativa yo soy la desilusión en persona. Hubo un tiempo en que él ni siquiera podía pronunciar mi nombre. Es curioso, pues a su nombre hice muchas cosas, laboralmente hablando; en silencio le dediqué mis logros, mis desventuras e incluso algunos insomnios; pensaba que si me esforzaba y maduraba lo suficiente, en un futuro, él y yo podríamos hacer realidad nuestro sueño de irnos juntos a un lugar lejano, a una casa con flores y niños corriendo; muy tarde me di cuenta de que ese sueño era solo mío. El hombre que yo amaba no hubiera dejado que su amante se enfrentara a mí como si él hubiese sido el hombre engañado; para empezar, el hombre que yo amaba ni siquiera hubiera tenido un amante mientras yo estaba fuera de casa trabajando.
Se mordió la lengua. Contuvo la respiración, pues sentía que el estómago se le revolvía igual que siempre cuando hablaba de él.
⸻El hombre que yo amaba no haría lo que hace actualmente. El hombre que yo amaba es recuerdo y es melancolía porque hoy en día ya no existe y, si soy sincero, dudo que regrese.
⸻¿Tu nunca fuiste amante de nadie?⸻ Cuestionó Elías con ambas cejas arqueadas, tal vez culpándolo, tal vez intentando entenderlo; quién sabe.
Fer asintió.
⸻De hecho, indirectamente él también me llevó a eso. Me volví el morbo de muchos hombres, la obsesión sexual de otros más, y él ni siquiera lo sabe. No actuó solo, por supuesto. Aprendí a tocarlos, a mirarlos, a probarlos; a ser lo que les gustaba porque un amante no tiene pudor, ni vergüenza; mucho menos inocencia. ⸻Se relamió los labios sin apartar la mirada de la carretera; ya estaban cerca del siguiente pueblo. ⸻Pero con el tiempo me aburrían, yo sabía que no eran para siempre; y hay de amantes a amantes. El amante no es el dueño, no duermes con tu amante, no añoras la cama del señor, mucho menos su familia; eres el que le quita la ropa y las ganas, en ocasiones monetizas por tus servicios, pero tú no tienes derechos. Esa es la diferencia entre un amante y un rompehogares. Y es la que muchos no entienden. Tú no vives la historia de amor, tú vives los 𝑜𝑟𝑔𝑎𝑠𝑚𝑜𝑠 y si eso no te basta, para amante no sirves; pues incluso las mujeres que se dedican a prestar esos servicios, tienen dignidad.
⸻Muchachos, ya llegamos. Bajen las maletas y el material de curación. Quiero tres grupos. ⸻ Ordenó su jefe mirándolos por el retrovisor.
⸻Sí, doc. Vamos. ⸻ Codeó a Elías antes de bajar de la camioneta.
El corazón de Fernando estaba lleno de fantasmas, de hielo, de cicatrices, de miedos y era aquel miedo el que lo volvía frío hasta quemar la piel.
Eliminar comentario
¿Seguro que deseas eliminar este comentario?