michael jackson Cover Image
michael jackson Profile Picture
michael jackson
@michael_jackson • 0 Me gusta

ㅤ
ㅤㅤㅤㅤㅤ─── ✧. ㅤ新しい 歴史
ㅤ ㅤㅤ ㅤ﹙009 › 𝗵𝗲𝗮𝗱𝗰𝗮𝗻𝗼𝗻 𝗉𝗈𝗌𝗍 !
ㅤ ㅤㅤㅤ 人物ㅤ:ㅤ #michael_jackson
ㅤㅤ
ㅤㅤㅤㅤㅤ ᠁ 𝚕𝚘𝚜 𝚊́𝚗𝚐𝚎𝚕𝚎𝚜, 𝚌𝚊𝚕𝚒𝚏𝚘𝚛𝚗𝚒𝚊.
ㅤㅤㅤㅤㅤ 𝚓𝚞𝚗𝚒𝚘 𝟸𝟻, 𝟸𝟶𝟶𝟿
⠀⠀⠀
Las luces del Staples Center bañaban el escenario con un resplandor tenue mientras los últimos técnicos terminaban de preparar el siguiente número. Michael llevaba ahí desde la tarde luego de reunirse con Frank para hablar de los últimos detalles de la gira.

Observó a su equipo moverse sobre el escenario, aunque su mente estaba imaginando como se vería el show completo, con los efectos que habían estado hablando y despertaban una ilusión casi infantil en él.

───Tengo laringitis.

Bromeó, llevando una mano a la garganta luego de que Ed lo trajera a la realidad. El silencio apenas duró un instante antes de que él mismo rompiera a reír, contagiando con su risa a los demás que alcanzaron a escucharlo.

A las nueve en punto comenzó el ensayo. La música llenó el recinto y el cansancio pareció desaparecer durante unos minutos. Bailó con la misma intensidad de siempre, afinó en cada canción, se dejó llevar por la fuerza que transmitía cada una, especialmente con Earth Song. Cada transición era revisada una y otra vez, corrigiendo las luces que entraban a destiempo o si un bailarín quedaba apenas fuera de posición, Michael pedía repetir la secuencia sin mostrar el menor signo de impaciencia. Quería que el espectáculo fuera perfecto, no poruqe sintiera la necesidad de impresionar al público, sino porque la música era la única forma que conocía de agradecer todo el cariño que había recibido durante tantos años, lo único que podía hacer por quienes formaban parte de su familia.

Sin embargo, cada pausa entre canciones le recordaba que su cuerpo estaba pagando el precio. Las rodillas dolían más de lo habitual, la espalda permanecía rígida y la garganta ardía al cantar notas sostenidas. Respiraba hondo, sonreía y volvía a colocarse en posición antes de que alguien pudiera notar el esfuerzo que escondía detrás de aquella aparente facilidad. No quería que nadie notara su debilidad, no quería detener los ensayos.

Pasada la media noche, los aplausos del equipo llenaron el Staples Center tras finalizar el trabajo.

───Dios los bendiga... Gracias.

Michael sonrió con notable cansancio, aun así abrazó a varios miembros antes de dirigirse a la salida. Volteó una última vez hacia el escenario iluminado, ilusionado porque al día siguiente por fin tendrían un ensayo completo, podría ver el espectáculo entero tal como lo había imaginado.

Sin embargo, al acostarse, el entusiasmo dio paso a una vieja conocida. El agotamiento era insoportable, cada músculo reclamaba descanso, pero el sueño seguía negándose a aparecer una noche más. Cerró los ojos una, dos, diez veces. Cambió de posición, respiró profundamente e intentó vaciar la mente, pero esta continuaba llena de fechas, responsabilidades y expectativas. Pensó en sus hijos, en Londres, en todo el trabajo que aún le quedaba por hacer y en cada pequeño movimiento que hacía sobre la cama le despertaba un dolor en todo el cuerpo. Quería llegar al ensayo del día siguiente con fuerzas, quería terminar aquello que había comenzado, pero sobre todo, quería dormir.

Las horas siguieron pasando. Los primeros medicamentos no surtieron efecto y la desesperación comenzó a abrirse paso entre el cansancio. Pidió que intentaran una vez más, con voz apenas audible pidió lo único que le hacía efecto, Michael solo quería descansar unas horas para volver a levantarse al día siguiente.

Cuando el sueño finalmente comenzó a envolverlo, la tensión abandonó poco a poco su cuerpo. La habitación se volvió difusa, las voces se alejaron y el peso que llevaba sobre los hombros desde hacía tantos años pareció desaparecer junto con la conciencia.

Volvió a abrir los ojos, el silencio seguía ahí, pero el lugar era distinto. Ya no olía a medicamentos ni a madera pulida. Frente a él se extendía un escenario vacío, iluminado por una luz cálida que no parecía provenir de ningún reflector. No era el Staples Center, tampoco el O2 Arena. Era un lugar que no reconocía y, al mismo tiempo, sentía una extraña familiaridad.

Caminó despacio, observando las tablas bajo sus pies. No había marcas de posición, cables ni pantallas, solo era un inmenso escenario esperando a que alguien lo llenara de música.

Entonces, una risa acabó con el silencio.

Giró la cabeza y lo vio sentado en el borde, balanceando las piernas como si no existiera ninguna preocupación en el mundo. El cabello rizado se alzaba sobre su frente y una sonrisa tímida iluminaba un rostro que Michael conocía mejor que ningún otro.

Era él. Antes de los conciertos multitudinarios, antes de las portadas de revistas, antes de que el mundo lo llamara el Rey del Pop... Antes de que comprender que no tendría una infancia como la de los demás niños.

───Hola.

Michael sintió un nudo formarse en la garganta. Se acercó lentamente hasta sentarse a su lado.

Durante unos instantes ninguno habló. El pequeño parecía esperar con la paciencia que solo tienen los niños, mientras el hombre buscaba las palabras para describir una vida entera.

───¿También vienes a ensayar? ───preguntó el niño al fin.

Michael soltó una risa baja, casi nostálgica.

───Supongo que sí.

El pequeño observó el escenario vacío y luego volvió a mirarlo.

───Papá dice que, si ensayo lo suficiente, algún día la gente querrá escucharme cantar.

Michael bajó la mirada. Recordó los interminables ensayos en Gary, las noches en que el sueño vencía a sus hermanos uno por uno y él seguía intentando hacer un paso más limpio, una nota más afinada. Recordó que, incluso entonces, cantar nunca había sido una obligación. Era el único lugar donde se sentía completamente libre.

───Tenía razón ───respondió con una sonrisa.

Los ojos del niño se iluminaron.

───¿De verdad?

───Muchísima gente querrá escucharte.

───¿Y seguiré cantando cuando sea grande?

La pregunta quedó suspendida entre ambos. Michael respiró hondo antes de asentir.

───Nunca dejarás de hacerlo.

El pequeño soltó una carcajada satisfecha y volvió a balancear las piernas.

───Entonces todo saldrá bien.

Michael sintió cómo aquellas palabras se clavaban en su pecho. Había pasado demasiados años preguntándose en qué momento dejó de ser suficiente, en qué momento la música dejó de ser lo único que la gente veía cuando pronunciaba su nombre. Había conocido el cariño de millones de personas, pero también el peso de las sospechas, las burlas y los titulares que parecían empeñados en reducir toda una vida a unas cuantas páginas de periódico.

───No siempre será fácil ───admitió al cabo de un rato.

El niño inclinó la cabeza.

───¿Por qué?

Michael guardó silencio. ¿Cómo podía explicarle que crecer significaría aprender a desconfiar? ¿Cómo decirle que habría noches enteras en las que desearía desaparecer del ruido, que el escenario sería muchas veces el único lugar donde volvería a sentirse él mismo? No quería robarle aquella inocencia.

───Porque a veces las personas olvidan que, antes de cualquier cosa, eres un ser humano.

El pequeño frunció el ceño, como si no terminara de comprender.

───Pero si hago las cosas bien... ¿No me querrán?

Aquella pregunta rompió algo dentro de él. Michael sonrió con tristeza y levantó una mano para acariciar su cabello.

───Muchísima gente te va a querer. Más de la que podrías imaginar, y ese amor será real. Pero también habrá personas que hablarán sin conocerte. Intentarán decirte quién eres, qué sientes, qué hiciste o qué dejaste de hacer. Habrá días en los que sentirás que gritan tan fuerte que olvidarás escuchar tu propia voz.

El niño bajó la vista hacia sus zapatillas.

───¿Y tú qué hiciste?

Michael permaneció callado unos segundos.

───Seguí cantando.

image

ㅤ
𝓢𝓸, 𝓲𝓼 𝓽𝓱𝓪𝓽 𝔂𝓸𝓾 𝓱𝓲𝓭𝓭𝓮𝓷 𝓲𝓷 𝓽𝓱𝓮 𝓫𝓻𝓮𝓮𝔃𝓮.ᐣ
𝓒𝓪𝓷 𝔂𝓸𝓾 𝓱е𝓪𝓻 𝓶𝓮.ᐣ
𝓘'𝓶 𝓸𝓷 𝓶𝔂 𝓴𝓷𝓮𝓮𝓼
𝓒𝓪𝓷 𝔀𝓮 𝓳𝓾𝓼𝓽 𝓽𝓪𝓵𝓴 𝓯𝓸𝓻 𝓪 𝓼𝓮𝓬𝓸𝓷𝓭, 𝓹𝓵𝓮𝓪𝓼𝓮.ᐣ
𝓙𝓾𝓼𝓽 𝓪 𝓼𝓵𝓲𝓿𝓮𝓻, 𝓪 𝓵𝓲𝓽𝓽𝓵𝓮 𝓹𝓲𝓮𝓬𝓮 𝓸𝓯 𝔂𝓸𝓾
ㅤ
La escuchó desde aquel lugar al que ya no podía regresar. Reconoció su voz desde el primer instante y, por un momento, la distancia pareció hacerse más pequeña. Había algo en sus palabras que le dolía profundamente; podía sentir cuánto lo extrañaba, cuánto deseaba encontrar aunque fuera una pequeña parte de él y no podía engañar a nadie, él también quería lo mismo. Quiso responderle, decirle que sí, que seguía allí y que nunca había dejado de escucharla, pero su voz ya no podía alcanzarla como antes. Solo podía observarla desde lejos, con aquella sonrisa suave que tantas veces había reservado para sus hijos.

Entonces, sintió ese orgullo que solo un padre podía conocer creciendo dentro de él. Paris había crecido, había encontrado su propia voz y ahora era capaz de convertir su ausencia en algo hermoso. Michael deseo poder abrazarla, decirle cuánto había cambiado y cuánto lo admiraba, pero sabía que ya no era posible. Así que dejó que el viento pasará a través de él, esperando que, de alguna manera, ella pudiera sentirlo cerca. Cerró los ojos y sonrió.

───Te quiero, Paris.
ㅤ
𝓛𝓸𝓿𝓮 𝔂𝓸𝓾, 𝓟𝓪𝓻𝓲𝓼
𝓘 𝓵𝓸𝓿𝓮 𝔂𝓸𝓾, 𝓟𝓪𝓻𝓲𝓼.ᐟ
𝓘 𝓵𝓸𝓿𝓮 𝔂𝓸𝓾

image

ㅤ
ㅤㅤㅤㅤㅤ─── ✧. ㅤ新しい 歴史
ㅤ ㅤㅤ ㅤ﹙004﹚› 𝗵𝗲𝗮𝗱𝗰𝗮𝗻𝗼𝗻 𝗉𝗈𝗌𝗍 !
ㅤ ㅤㅤㅤ 人物ㅤ:ㅤ #michael_jackson
ㅤㅤ
ㅤㅤㅤㅤㅤ ᠁ 𝚕𝚘𝚜 𝚊́𝚗𝚐𝚎𝚕𝚎𝚜, 𝚌𝚊𝚕𝚒𝚏𝚘𝚛𝚗𝚒𝚊.
ㅤㅤㅤㅤㅤ 𝚊𝚐𝚘𝚜𝚝𝚘 𝟸𝟿, 𝟷𝟿𝟾𝟽
⠀⠀⠀
El reloj marcaba casi las doce de la noche cuando Michael volvió a levantar la mirada hacia la pared. Faltaban apenas unos minutos para que el veintiocho de agosto terminara y con él se fueran sus últimos instantes con veintiocho años. El estudio estaba mucho más tranquilo a esas horas, las luces permanecían encendidas sobre la consola y sobre esta descansaban varias hojas llenas de anotaciones, algunas fotografías y una cinta que había escuchado tantas veces durante los últimos meses que probablemente habría podido reconocer cada segundo con los ojos cerrados.

Michael llevaba varios minutos sentado frente a la consola, con los brazos apoyados sobre las piernas y la mirada perdida en una de las cintas. Había pasado tantos días allí que el lugar comenzaba a sentirse inseparable de su vida. Durante casi dos años había revisado cada canción hasta quedar satisfecho, ahora el álbum estaba terminado. En dos días llegaría a las tiendas y, después de tanto tiempo escuchándolo en aquellas mismas habitaciones, finalmente pertenecería a sus fans.

Quincy seguía allí, sentado unos metros más atrás, hojeando algunas de las anotaciones de las últimas sesiones. Al levantar la mirada, encontró a Michael observando el reloj por tercera vez.

───Si sigues mirándolo así, no va a moverse más rápido.

Comentó el mayor, arrancándole una suave sonrisa a Michael, quien se dejó caer contra el respaldo de la silla.

───Quiero saber cuánto falta.

───¿Para tu cumpleaños?

Michael negó con la cabeza, aunque la sonrisa permaneció en sus labios.

───Para mi cumpleaños... Y para el álbum.

Quincy dejó los papeles sobre la mesa y miró el reloj.

───Dos días para el álbum. Unos minutos para cumplir veintinueve.

Una pequeña risa escapó de Michael, aunque su expresión volvió a tornarse pensativa. El treinta y uno de agosto estaba marcado en todas partes; había sido una fecha repetida tantas veces durante las últimas semanas que casi parecía formar parte de su rutina. Bad iba a salir al mundo, y con ello terminaría también una etapa importante de su carrera. Había trabajado demasiado en aquel álbum como para no preguntarse qué encontraría el público cuando finalmente lo escuchara, había algo diferente en aquellas canciones, en la manera en que había decidido interpretarlas y en todo lo que había querido transmitir con ellas. Quizá, después de tanto tiempo, también estaba a punto de mostrar una parte de sí mismo que hasta entonces había permanecido detrás de las puertas del estudio.

───Suena raro cuando lo dices así.

───¿Por qué?

───Veintinueve...

La cifra quedó suspendida entre ambos durante unos segundos. El menor bajó la mirada hacia sus manos, jugando distraídamente con uno de los anillos que llevaba puestos. Veintinueve años. Le resultaba extraño pensar en ello cuando todavía recordaba con claridad al muchacho que había comenzado a cantar siendo apenas un niño. En algún punto del camino, los años habían empezado a avanzar con una velocidad que no alcanzaba a comprender. Quincy lo observó en silencio antes de preguntar.

───¿Estás nervioso?

Tardó un momento en responder.

───Un poco.

───Eso es normal.

Michael sonrió de lado.

───Pensé que después de tantos años dejaría de sentirlo.

───Eso significaría que dejaste de preocuparte.

La respuesta consiguió arrancarle otra sonrisa; sin embargo, su mirada volvió a posarse sobre la cinta frente a él.

───He pensado mucho en estas canciones últimamente ───admitió. ───Cuando las escucho ahora, recuerdo todo lo que pasó mientras las hacíamos. Algunas cambiaron tantas veces que casi parecen canciones diferentes.

───Porque querías que fueran perfectas.

Michael negó con la cabeza.

───Quería que fueran mías.

Quincy soltó una breve risa.

───Probablemente encontrarías otra cosa que cambiar.

───Tal vez.

───Por eso tenemos una fecha de lanzamiento.

El cantante sonrió y dejó nuevamente la cinta sobre la consola, limitándose unos segundos a contemplarla.

Había compuesto la mayoría de las canciones y participado directamente en la producción junto a Quincy, había puesto una parte de sí mismo en cada decisión, en cada cambio y en cada hora que pasaba frente al micrófono. Después de Thriller, sabía perfectamente lo que el público esperaba, también sabía que cualquier cosa que hiciera sería comparada con aquel álbum. La presión estaba ahí incluso cuando trataba de ignorarla.

Un sencillo ya había sido lanzado unas semanas atrás y pronto llegarían las demás canciones. Después vendrían los videos, las presentaciones, las entrevistas y todo aquello que acompañaba inevitablemente a un nuevo lanzamiento. Michael respiró lentamente.

───¿Crees que les gustará?

La pregunta salió con una voz baja y el mayor arqueó ligeramente las cejas.

───Michael, llevas meses preguntándome eso.

───Porque todavía no me has dado una respuesta que me convenza.

Quincy soltó una risa antes de levantarse.

───Entonces escucha bien esta vez. No puedes controlar lo que harán con el disco cuando salga. Lo único que podías controlar era lo que ponías dentro ───el menor permaneció callado. ───Y pusiste mucho de ti.

Aquellas palabras hicieron que Michael apartara la vista. Durante tanto tiempo había pensado en lo que quería que el álbum fuera que pocas veces se había detenido a pensar en todo lo que había dejado dentro de él. Las canciones llevaban sus ideas, sus dudas, su entusiasmo y las horas que había pasado intentando conseguir exactamente aquello que escuchaba en su cabeza.

Se levantó de la silla y caminó hasta la ventana. Afuera, las luces de Los Ángeles continuaban brillando mientras la ciudad seguía con su ritmo habitual. Desde allí, todo parecía distante.

───¿Sabes qué es lo curioso?

Dijo Michael y Quincy levantó la mirada.

───¿Qué?

───Mañana todos van a felicitarme por cumplir veintinueve y pasado mañana van a estar hablando del álbum.

El mayor se levantó y caminó hasta quedar a su lado.

───Entonces disfruta mañana.

Michael soltó una pequeña risa.

───Lo intentaré.

Regresó la mirada hacia la ciudad. Durante unos segundos pensó en las cartas que había recibido, en las llamadas y los regalos que habían llegado durante el día, también pensó en todos aquellos admiradores que escucharían Bad por primera vez cuando llegara a las tiendas. Personas que todavía no conocía encontrarían sus propias historias en aquellas canciones y aquella idea le producía una sensación difícil de nombrar.

El reloj marcaba las 11:58.

Quincy regresó hasta la consola y comenzó a apagar algunos equipos.

───Vamos a casa.

Michael giró la cabeza.

───Faltan dos minutos.

───Precisamente.

El cantante soltó una risa y se acercó para ayudarlo. El estudio fue quedándose cada vez más silencioso, hasta que solo quedó encendida una de las luces sobre la consola.

11:59.

Se detuvo frente a las cintas.

Había dejado allí una parte enorme de sus veintiocho años. Canciones, voces, anotaciones, errores que habían terminado convirtiéndose en aciertos y noches enteras de trabajo. En dos días todo aquello saldría de aquellas paredes.

Quincy se quedó a su lado.

───¿Listo?

Michael contempló el reloj durante unos segundos antes de asentir.

───Creo que sí.

El último minuto terminó y por un instante ninguno de los dos dijo nada. Michael acababa de cumplir veintinueve. Quincy fue el primero en romper el silencio.

───Feliz cumpleaños, Michael.

Él bajó la mirada y sonrió.

───Gracias.

Quincy le dio una palmada ligera en el hombro antes de dirigirse hacia la puerta. Michael permaneció unos segundos más frente a la consola, observando las cintas bajo la tenue luz. Ya casi.

Había esperado durante tanto tiempo aquel momento que todavía le costaba creer que finalmente estuviera ahí. Respiró profundamente antes de apagar la última luz y, por primera vez, dejarlo ir no parecía algo que debiera temer.

image