aquel momento en el que Icaro domó el cielo.
"Icaro, vuela por el medio. Si vuelas muy bajo, la espuma del mar mojará tus alas y te hundirás. Si vuelas muy alto, el sol derretirá la cera y caerás. Sígueme, no te desvíes"
Al abrir sus alas experimentó algo que jamás había sentido antes, esa libertad de ver el inmenso mar como un espejo azul que se expandía hasta donde alcanzaba su vista. Pero Icaro era joven y el sol brillaba con tanta intensidad y el calor en su piel le hizo sentir nostálgico, alzó vuelo.
Su padre le gritó a lo lejos que bajase, pero la distancia ya era tanta y el viento en sus oídos hizo imposible escuchar palabra alguna.
miró hacía abajo y la expresión de su padre lo dijo todo, una pluma se había desprendido, la cera empezaba a derretirse, cayó en picada sobre el mar, todo se oscureció.
Cuando abrió los ojos su padre no se encontraba en ninguna parte, escucho risas y giró la cabeza para encontrar una sirena que cubría su boca tratando de no sorprenderlo.
—¿Dónde estoy?
no hubo respuesta.
—¿Dónde esta mi padre? ¿Dónde esta Dédalo?
—Se ha marchado. —Respondió ella.
—Mi padre no me abandonaría nunca.
—Creyó que habías muerto, y estuviste a punto, pero mis hermanas te encontraron y te trajimos a tierra firme.
Fue ahí que miro a su al rededor sorprendido, la arena lo cubría, sus piernas con algunos moretones y rasguños de las sirenas que lo arrastraron a la costa, no solo eso, se encontraba solo y perdido. Entonces recordó lo mas importante, las alas.
—¡Mis alas! —gritó.
la sirena puso una expresión de disgustó, no le había dado si quiera las gracias.
—Echas pedazos —resoplo.
la cera se encontraba deformada, las plumas arruinadas por el agua marina, Icaro tomo aire y trato de calmarse, si quería encontrar a su padre debía arreglarlo, no serpia fácil, una aves aquí, abejas allá, le tomaría tiempo pero tendría las alas de nuevo.