*Un suspiro tibio del viento lejano se colo por la ventana entre abierta de unos aposento burdos. Allí ella, tan inteligente como cruel espero a quien, por diálogo no parecía querer someterse, ese hueso duro de roer con una moralidad tan firme que la hacía dudar de sus propias convicciónes. Aún así algo había aprendido en los barrios bajos -La inteligencia no es el único arma de la mujer-.
Aunque desbordaba confianza, era real que situaciónes tan íntimas la ponían incómoda, debido a su total inexperiencia , aún así se mantuvo firme-los hombres son débiles a la carne, incluso con un puñal en el pecho, por eso son estúpidos, todos tienen un precio- el pensamiento rondo en su cabeza, tan pesado como venenoso.
La puerta se abrió, con un leve chillido, así mismo la mujer cambió su expresión, aunque era obvia la malicia en su mirada que fatalmente trataba de ocultar bajo su sonrisa*
Incluso si tengo puestaa correa ¿Crees que eres suficientemente inteligente para tirar de ella?
Erison Brenavé
Al entrar a la habitación se llevo una sopresa tal que sus ojos se abrieron de par en par, cerro la puerta rápidamente y sus mejillas tomaron un color rojo
-Que rayos haces(?).-Pregunto el pelirrojo, aquella mujer no era muy de su agrado, si bien era una hermosura, su personalidad y valores era lo contrario a el. -Con razón el dueño me dijo que si estaba preparado, vaya trampa. -Su mano recorrio sus mechones rojos como si no supiese que hacer. -No creas que caere en tus provicaciones linda, he estado en situaciones peores a esta, lamento informate que este hombre se ha resistido al canto de las sirenas y al perfuemes de las musas del desierto.-Menciono con orgullo el pelirrojo.
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